
En defensa de la pena de muerte
Hace casi cuarenta años, cuando yo tenía 19, un policía de paisano con su gabardina blanca y todo, (los conocíamos como “sociales”) sacó una pistola y me apuntó. Mi delito era intentar pegar unos carteles defendiendo la libertad. En ese instante pensé “la libertad por la que lucho también la busco para ti”. No me disparó. Pero no pude pegar el cartel.
Desde entonces ese pensamiento ha sido el concepto de defensa de la libertad que he tenido durante mi vida. Libertad para los que piensan distinto a mí.
Estos días, con el asesinato de la política leonesa del PP, se han lanzado muchos mensajes diciendo que deberían matar a más gente así y otras barbaridades. Quienes lo dicen parecen personas libres, parecen personas de izquierdas, personas que defienden la justicia social. Pero no. Son escoria que defiende la pena de muerte. (Yo también luché contra la pena de muerte del franquismo y nunca en mi vida podré olvidar la noche horrible que pasé el 26 de septiembre de 1975, la víspera de los últimos fusilamientos del franquismo).
Y esta escoria defiende la pena de muerte con el agravante de que no debe celebrarse juicio. El que te caiga mal, a matarlo.
Eso no es un derecho. La defensa de la pena de muerte, la defensa de la mentira, no es un derecho. Son una vileza.
Luego estarán estos “progres de izquierdas” que defenderán a los amantes de la pena de muerte. Defenderán su salida de la cárcel. Hablando de defender sus derechos, defenderán sus vilezas. Al tiempo.
