
Nueva Iberia
Tal día como hoy en 1778, hace 234 años, zarpaba del puerto de Málaga el bergantín San José con 16 intrépidas familias malagueñas, casi todas de Alhaurín de la Torre. El objeto de su viaje era nada menos que llegar a las Américas, en concreto a la Luisiana Española, y fundar una ciudad, Nueva Iberia. Tras una parada de avituallamiento en Cádiz se adentraron en el océano hasta llegar a La Habana, después de tres meses de árdua singladura. Unas semanas más y los malagueños arribaron a Nueva Orleans, presentándose ante el gobernador español, Don Bernardo de Gálvez, quien les asignó tierras de cultivo en las antiguas tierras de los indios Atakapa. Guiados por el Teniente Coronel Francisco Bouligny, emprendieron la marcha hacia el oeste y tras cinco días de marcha encontraron un buen sitio donde fundar su soñada ciudad. Los alahurinos, amigos como nadie de la fiesta, debieron montar aquella primera noche de acampada una fiesta de aúpa en la que el flamenco, el rasgar de las guitarra y el aroma del fino alegraron seguro de nuevo las enormes soledades de aquellos vastos campos de la América Española. Y al día siguiente, sin pereza, a cavar cimientos y trazar calles y a plantar vides, trigos, tabaco y melones, que a los de Alhaurín se les da bien.
A principios del s. XIX Luisiana volvió al dominio francés y la ciudad pasó a llamarse Nouvelle Ibérie, hasta que los Norteamericanos compraron esos territorios a los galos y la renombraron como New Iberia, como ahora se la conoce.
La próspera ciudad tiene ahora unos 30.000 habitantes, población similar a la de Alaurín de la Torre, y esta poblada por población blanca y negra casi al cincuenta por ciento. Su alcaldesa Hylda D. Curry invita en su bando de bienvenida a sus vecinos a hacer de New Iberia el mejor lugar de América para vivir y a que hagan suyo el eslogan Progress Thru Unity “Progreso a través de la Unidad”.
Me gusta el eslogan que nos trae el viento del Atlántico desde aquellas lejanías americanas en donde hace dos siglos y pico los españoles, malagueños alahurinos, dejaron buenas raíces. Ahora que nuestra arruinada España parece se nos escapa entre los dedos como arena de desierto, es el momento de acordarnos de aquellos pioneros y apretar las manos para que no se nos escape un grano más. Tenemos que refundar nuestra Nueva Iberia en los valores de valentía, aventura, alegría y pasión por el trabajo que impulsaron las velas del San José desde el puerto de Málaga hasta Nueva Orleans.
