Opiniones

José Antonio Calvo

El Tirano Kim

Desde que Fidón de Argos, en la Grecia de hace la friolera de veintisiete siglos, fuese proclamado “Tirano” en la que es considerada la primera “Tiranía” de la historia, la tristemente célebre fórmula política de gobernar por la fuerza, como planta venenosa firmemente arraigada en nuestra condición humana, no ha dejado de producir sus ponzoñosas bayas.

Aunque dichos frutos han sido y son variados en sus formas y colores, estrellas y esvásticas de apariencia para algunos incluso apetitosa, el tósigo que en su pulpa esconden es similar en todos ellos y las consecuencias de comerlos, a veces de buen grado, las más veces a la fuerza,  devastadoras. Y es que esconden el veneno del engaño y el de la contradicción pura, pues viniendo pretendidamente de la mano de Dios, liberan contra la ciudadanía a los peores diablos de los infiernos; viniendo pretendidamente en nombre de la Igualdad crean, a la oscura sombra del tirano, una oligarquía cargada de privilegios y opulencia; viniendo pretendidamente en nombre de la Libertad, convierten sus países en lóbregas cárceles; viniendo pretendidamente en nombre del Pueblo, convierten a la población en una masa gris y silenciosa de esclavos a su servicio; viniendo pretendidamente en nombre de la Paz, crean enormes maquinarias de guerra, negando el pan y la sal al pueblo para comprar o producir montañas de armas.

De entre las vigentes hoy en día destaca, por su ferocidad, duración y contra-dicciones, rayanas en lo ridículo, la tiranía de Corea del Norte, empezando por su propia definición como “Dictadura de la Democracia del Pueblo”. En sus inicios marxista-estalinista , actualmente se basa en el régimen “Juche”, una desviación leninista adaptada a lo coreano inventada por Kim Il Sun, su fundador, y desarrollada por su hijo y sucesor Kim Jong Il, fallecido a finales del año pasado y que consolidó, en otra contradicción grosera, a la República Popular de Corea del Norte en una, de facto, monarquía hereditaria entronizada por sus majestades los Kim, cuyo zagal de 28 años Kim Jong Un heredó “la corona” con la estrella roja.

Como de casta le viene al galgo, el denominado Brillante Camarada excretó su primera ocurrencia a primeros de año,  decretando la división,  en “castas” de toda la población norcoreana. Sí, en serio, ¡en castas!  Les cuento:

El llamado “sistema Songbun” divide a "todos" los habitantes de Corea del Norte, en  “Leales”, “Vacilantes” y “Hostiles”, tres castas ¡hereditarias! O sea, que el niño o la niña nacen ya marcados con un macabro código de barras que “determinará todos los aspectos de su vida”, según denunció en su día el Comité para los Derechos Humanos en Corea del Norte. Son "Leales" un 28% de los coreanos. A parte de la élite dirigente, ostentan el título los descendientes de los que combatieron contra el dominio colonial de Japón entre 1910 y 1945 y los familiares de los soldados muertos en la Guerra de Corea de 1950, así como, en teoría, los pequeños campesinos y los trabajadores. Como tales, tienen derecho a residir en la capital, Pyongyang, y prefe-rencias en el acceso a viviendas, alimentos, tratamiento médico y empleos. Son "Vacilantes" un 45%, casi todos familiares de repatriados desde China, artesanos, pequeños comerciantes e intelectuales formados durante el dominio japonés. Están empleados como técnicos de baja formación y viven estrechamente vigilados. Son "Hostiles" un 27%, la mayoría descendientes y familiares de los colaboracionistas con Japón y de los antiguos opositores. También lo son los familiares de personas huidas a Corea del Sur, de empresarios, religiosos y de antiguos aristócratas. Están sometidos a los trabajos más peligrosos y duros en las regiones más remotas, reciben escasas raciones de alimentos, sufren discriminación a la hora de entrar en la escuela o de casarse, y  están también sometidos a continua vigilancia.

Según redactó uno de los autores del informe de Derechos Humanos, “la cruda realidad es que este sistema hace posible una forma de esclavitud laboral para una tercera parte de los 23 millones de ciudadanos de Corea del Norte y consolida la lealtad servilista del resto a la casta dominante".

En España,  como en todos los demás países, también existe esa planta venenosa. Pasar fines de semana en Marbella a costa del erario, forrarse a costa de los EREs o alimentar cada día nuestras diferencias, es echarle abono. Cuidado si, abusando del Estado de Derecho, matamos nuestra democracia. Sabemos lo que puede crecer sobre su cadáver.

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