Opiniones

José Antonio Calvo. Doctor, doctor: tengo ludismo

El otro día un paciente me dijo: doctor, creo que padezco “ludismo”. El hombre se refería a su deseo irrefrenable de jugarse los cuartos a lo que fuera. Para su desgracia, había descubierto las apuestas por Internet y el asunto, usando el lenguaje del juego de la baraja, pintaba en bastos. Para abordar el tema quise empezar, con la mayor delicadeza, corrigiendo el enunciado de la dolencia: no se dice “padezco ludismo”, amigo mío. Se dice “padezco una ludopatía”.
Realmente, tan parecidas palabras tienen significados muy diferentes. La ludopatía es la adicción patológica a los juegos de azar. Lo otro, les cuento:
El ludismo es un movimiento obrero nacido en la Inglaterra del s. XIX cuyos seguidores, los luditas, expresaban violentamente su “odio hacia las máquinas”. Su fundador, real o de leyenda, fue el obrero inglés Ned Ludd, de cuyo apellido toma el nombre el ludismo. Todo había empezado unos años antes con la Revolución Industrial y la invención de las primeras máquinas a vapor, que habían empezado a sustituir los telares manuales. El trabajo que antes hacían veinte hombres, ahora lo hacían un par de operarios dedicados a vigilar  termómetros y manómetros. La consecuencia, el despido masivo de trabajadores. Cuentan que el tal Mister Ludd, en un arrebato de ira, tras haberse enterado del despido de varios amigos, la emprendió a estacazos con dos máquinas tejedoras y no paró hasta destruirlas.
El ejemplo cundió y los ataques a las máquinas aumentaron. En la primavera de 1811 en Nottingham, una manifestación ludita fue reprimida brutalmente por el ejército. Como consecuencia, más de cincuenta máquinas tejedoras de medias fueron quemadas. La rebelión se extendió al campo, donde las iras se dirigieron contra las trilladoras mecánicas, que acabaron ardiendo como fallas. El gobierno endureció la represión contra los luditas y cerca de una treintena fueron condenados a la horca.
Nuestra España no fue ajena a éstos hechos, pues aunque algo más tarde, también aquí florecía con fuerza la Revolución Industrial. La bella Alcoy, la ciudad de los puentes, en 1819 ocupaba “40.000 brazos” en la fabricación de sus famosos paños. No pocos empresarios alcoyanos, deseosos de hacerse competitivos frente a la producción extranjera, se endeudaron hasta las patillas importando sofisticadas máquinas cardadoras e hiladoras. El poderoso gremio de cardadores, viendo peligrar sus antiguas prebendas organizó una revuelta ludita y tal día como hoy, el 2 de marzo de 1821, “se arrojaron al horroroso crimen de incendiarios, reduciendo a cenizas 17 máquinas y otros enseres en valor de 2 millones de reales...envolviendo en sus ruinas a tejedores, tundidores, tintoreros y demás auxiliares de la fabricación de paños (Diario de Sesiones del Congreso, 1821)”. En la próspera Barcelona de 1833, los Bonaplata tenían instalada en su fábrica de hilados y paños El Vapor Bonaplata, una de las máquinas textiles a vapor más modernas del mundo Parece ser que por oscuros intereses de gremios y de empresarios de la competencia se organizó una manifestación con pretexto ludita que, queriendo o sin querer, fue rápidamente infiltrada (con qué facilidad se repite la historia) por “una multitud de gandules y maleantes que recorrían tumultuosamente la ciudad, armados con fusiles, sables y puñales, con una bandera negra y un tambor batiente, llevando tras de si innumerables agitadores de la población (Pi Arimón, 1835)”. La próspera fábrica fue reducida a cenizas por la horda dejando tras de sí a varios trabajadores textiles muertos y multitud de heridos. ¡Vaya tela!
En la era de los smart-phones y las cosechadoras con ventilador automático pre-criba ¿es el ludismo ya historia? Pues no. Sus miembros se hacen llamar hoy “neoluditas” y el enemigo a combatir son los ordenadores. Su líder, el norteamericano Theodore Kaczynski, un matemático con un coeficiente intelectual de 167, tras mandar 16 cartas bomba atacando a sistemas informáticos de universidades y aerolíneas, es ahora el preso 04475–046 en una prisión federal de máxima seguridad. Seguro que se cree todo un  John Connor luchando contra Skynet y sus Terminators.

 

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