Hace unos años decidí cambiar mi viejo móvil de cuarto de kilo y entré a informarme al bazar de los hermanos Villar. Enrique me mostró las últimas novedades: “Éstos son los nuevos, mucho más pequeños y además llevan blutúz. ¿Que lleva qué? –le pregunté --. Al ver escrita en la caja esa extraña palabra, BLUETOOTH, algo se removió en las profundas cavernas neuronales donde guardo mi inglés del COU: blue= azul, tooth=diente... ¿El móvil tiene un “diente azul”? En aquellos tiempos, Internet no era lo que ahora es y me costó encontrar la explicación. Resulta que la compañía sueca ERICCSON en el 94 inició los estudios de un sistema que pudiera unir diversos aparatos ¡sin cables! ¡El sueño de acabar de una vez con la maraña que tenemos tras los escritorios! Pues bien, a tal fin se creó un consorcio de empresas con otros vikingos, los de Nokia, a los que se unieron Intel y Toshiba… Ericcson propuso poner al invento el nombre un rey danés del s.X, Harald Blåtand, traducido al inglés como Harold Bluetooth (diente azul). Según unos, el Rey era llamado así por padecer “eritroblastosis”, una enfermedad que tiñe los dientes de azul. Según otros, “blå” significa de tez oscura y “tand” significa grande. En todo caso, los ingenieros no eligieron el nombre del Rey por el color de su piel o sus dientes, sino en homenaje a sus excelentes dotes de buen comunicador y diplomático, pues Bluetooth consiguió unificar las belicosas tribus noruegas, suecas y danesas y crear un potente y respetado reino nórdico.
Me encanta que se recuerde y honre a los líderes que mediante su carisma, su discurso y su diplomacia, supieron unir a sus pueblos, a los llamados en la antigua Roma pontífices, “los hacedores de puentes”, porque aunque de pequeños en la escuela la suma se nos antojaba fácil y la división más complicada, en la edad adulta se invierten las tornas y en especial, si nos referimos a lo político, dividir lo hace cualquier idiota. De hecho, el camino al abismo de las naciones está empedrado de aprendices de brujo cuyos diabólicos cayados desgajaron y desgajan de sus pueblos a golpes a maquetos, charnegos, godos, bolos, mejos, fatos, moñigueros… Mientras tanto, sumar, unificar, crear puentes, es un raro privilegio de los tands, de los grandes, especie al parecer en serio peligro de extinción.
