Opiniones

José Antonio Calvo. España y la vacuna de la Viruela

  La mortífera VIRUELA apareció hace unos 12.000 años en el norte de Africa. La primera constancia de una epidemia nos sitúa en la guerra entre los egipcios y los hititas, doce siglos antes de Cristo. A través de los tiempos el virus se extendió por toda Europa y Asia, dejando tras de sí millones de muertos. En la Edad Media en Europa al menos 400.000 personas al año fallecían de viruela.
En 1518 arribó un barco portugués con esclavos africanos a La Española (actual Rep.Domicana/Haití) extendiéndose la enfermedad entre la inmunológicamente virgen población indígena que nunca había tenido contacto con ese virus. Dos años más tarde, hombres de la expedición Cortés la llevaron al continente americano junto a otras enfermedades del Viejo Mundo (gripe, sarampión, difteria). La mortandad de las plagas se llevo por delante a más de 25 ¡millones! de indígenas.
Sería ridículo culpar a los norteafricanos de los millones de muertos europeos por extender la plaga hasta el reino de los Hititas. De hecho, nadie en Europa acusa a los egipcios de ser portadores de la viruela, ni en la India achacan a los árabes sus contagios. Pero la historia culpa, como no, a los españoles de llevar la plaga a América, según algunos casi de forma intencionada, formando parte del manoseado kit “genocidio americano” que tanto se ha divulgado en ¡nuestros propios! institutos y universidades, matanza al parecer exclusivamente “made in Spain” en la que a veces no se nombra en ningún sitio a los ingleses, franceses, portugueses ni al general Custer y su Séptimo de Caballería. Y es que si hicieran deporte olímpico el Tiro de Piedra al Propio Tejado, seríamos los españoles medallistas de oro año tras año.
             Pues bien, si los conquistadores europeos llevaron la viruela al Nuevo Mundo, la Corona Española de la mano de Carlos IV, que había perdido a su propio hijo por la enfermedad, ordenó llevar la vacuna a las Américas y Filipinas en la campaña de salud pública más grande registrada en el mundo hasta entonces. El buque María Pita zarpó de La Coruña el 30 de noviembre de 1803. A bordo, el Dr. Francisco Xavier Balmis, director de la “Real Expedición Filantrópica de la Vacuna”; el médico José Salvany, el médico Grajales, el practicante Pastor Balmis, varios ayudantes y la rectora de la Casa de Huérfanos de La Coruña Dª Isabel Sendales con 22 expósitos “los niños vacuníferos” que mantenían el virus vivo en sus cuerpos por medio de vacunaciones de brazo a brazo realizadas durante la travesía. Eran otros tiempos, pero no se alarmen, el virus se mantenía atenuado, y gracias a los cuidados de Dª Isabel, ningún niño enfermó. El buque llegó a Puerto Rico en febrero de 1804 y se empezó a vacunar de forma ordenada y metódica para después, a pie o a lomo de mula, partir a Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Chile… decenas de miles de vacunados en unos pocos años. El esfuerzo costó la vida al Dr. Salvany, que murió en Cochabamba a los 34 años. A los oscuros  “tirapiedrasalpropiotejado” que defienden que la expedición no tenía nada de caritativo y que solo se hizo porque a la Corona le interesaba detener la pérdida de “la mano de obra indígena” causada por la viruela les diré que el mismísimo Dr. Jenner, el descubridor de la vacuna, escribió en noviembre de 1806 a su amigo el Revdo. Dibbin: "No me imagino que en los anales de la historia haya un ejemplo de filantropía tan noble y tan extenso como éste".
             La historia de todos los pueblos está llena de luces y sombras. Disfrutemos de nuestras luces.
             Felices vacaciones y mucho cuidado en los viajes.

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