Opiniones

José Antonio Calvo. Gengis Khan, el Emperador Oceánico

Una brumosa y fría mañana de un 16 de abril, hoy hace 850 años, el potente y agudo llanto de un recién nacido rompía el silencio, llenando de alegría los corazones de una familia de la aristocracia mongola. Cuenta la leyenda que tras cortar y anudar el cordón umbilical, la partera lo entregó a su madre la cual, extendiendo los brazos, lo posó delicadamente en las fuertes manos de Yesugei, su padre, jefe del poderoso clan Borjigin. El niño de penetrantes y rasgados ojos verdes no paraba de llorar y, quizás por su robustez y la fuerza de sus pulmones su padre, alzándolo por encima de su cabeza y mostrándolo a los nobles, gritó “Temuyín”, que significa “acero puro”.

Como buen mongol, casi antes que a andar, el niño fue enseñado a montar a caballo y a manejar la espada y su infancia debió transcurrir feliz cabalgando con sus amigos por las interminables estepas mongolas, disparando su arco desde su caballo a galope tendido, y derribando monigotes de paja con su espada.

La paz en aquellas estepas orientales nunca duraba demasiado y cuando Temuyín acababa de cumplir los diez años, su padre fue envenenado por los Tártaros y su estirpe perseguida para ser exterminada. Junto con su madre, sus seis hermanos y otros miembros del clan,  huyeron entre las sombras de la noche y se refugiaron en unas tierras remotas donde sobrevivieron de incógnito cazando, pescando y cultivando huertos de subsistencia. Nuestro Temuyín adolescente trabó una férrea amistad con los otros jóvenes que habían corrido su misma suerte. Increíbles jinetes y temibles espadachines, con apenas 15 años, formaron su grupo de “andas” (hermanos por juramento de sangre) y comenzaron a organizar emboscadas a las patrullas tártaras. El joven guerrero robó en sus ataques ocho caballos tártaros, todo un patrimonio, y así se labró fama y respeto entre las tribus, lo que llevó a la partida de Temuyin a ser invitados a formar parte del ejército del rey Togrhul, donde fue nombrado comandante de segundo nivel.

Había llegado el momento de sentar cabeza y el  guerrero se casó con la bella Borte. Fueron seguramente unos años plácidos en los que el tigre estepario parecía dormitar relajado al abrigo de su “yurta”, la cabaña mongola, hasta que a alguien de un clan rival se le ocurrió la feliz idea de raptar a Borte. El tigre despertó y emprendió una feroz guerra contra el clan rival. Sus victorias y el rescate de su esposa le consagraron como líder guerreo. Campaña tras campaña, afianzó su liderazgo hasta que al cumplir los 44 años, en una fastuosa ceremonia a orillas del río Onón fue nombrado Khan (rey) adoptando el nombre de Gengis (océano), nombre acertado pues el imperio de Gengis Khan fue el más extenso que, de forma contigua, ha conocido la historia de la humanidad, abarcando desde Europa Oriental hasta el Pacífico y desde Siberia hasta Mesopotamia, con grandes extensiones en Indochina y la India.

A parte de una personalidad arrolladora, la mayor parte de su éxito se debe, de una parte, a la peculiaridad del guerrero mongol y de otra, a las reformas que con mano de hierro introdujo en lo militar. Les cuento. El guerreo mongol, su caballo achaparrado y su arco eran un solo ser.  Infatigables, austeros y duros como el granito, con una bolsa de mijo, una de yogur de leche de yegua y un brebaje alcohólico, el “kumis”, derivado de la misma leche fermentada, un jinete podía aguantar una semana de combates, comiendo y durmiendo sin desmontar. Por otra parte Temuyín organizó y disciplinó a las partidas mongolas formando un ejército regular dividido en unidades decenadas, de 10, 100, 1000 y 10.000 hombres. Creó unidades especiales de asedio para atacar fortalezas y unidades de intendencia que cuidaban escrupulosamente el tema de suministros de comida, caballos y equipos. Mimaba el tema de las comunicaciones internas destinando a los mejores jinetes y más veloces caballos a las unidades de su mítica red de correos militares. Creó una eficaz unidad de inteligencia de tal forma que jamás emprendía una acción militar sin haber recopilado el máximo de información del enemigo a la vez que se cuidaba de confundirlos poniendo, por ejemplo, guerreros de paja perfectamente vestidos en toda la caballería sobrante, de modo que su ejército siempre parecía mayor de lo que era. Introdujo la guerra psicológica creando entre los pueblos conquistados un miedo cerval a los mongoles, que les disuadía de revelarse contra los conquistadores. Era Gengis Khan, el Emperador Oceánico

Quizás su biografía, en nuestra escala de valores actual, no parezca la más edificante y muchos prefieran recordar otras. Cierto es que entre Gengis Khan y Teresa de Calcuta o entre Napoleón y Martín Luther King median abismos, sin duda. Pero los extremos se acaban tocando. Y el istmo que une a esos colosos de la historia es la fuerza de su carácter, la firmeza de sus convicciones y la fe en sí mismos. Aunque la vida parezca a veces hundirnos en pozos de los que no parece haber salida, Temuyin nos recuerda que un huérfano perseguido acabó siendo Rey.   

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