Allá por 1867 el audaz inventor norteamericano Sylvester H. Roper montó un modelo de su motor biciclíndrico a vapor, calentado con caldera de carbón, en un chasis tipo bicicleta. Había nacido el “Velocípedo a Vapor Roper”, considerado por muchos la primera motocicleta. Siendo justo diré que el mismo año, el inventor francés Louis G. Perraux adaptó un modelo miniaturizado de su motor monocilíndrico a vapor a la bicicleta de pedales de su amigo, el fabricante Pierre Michaux, por lo que ambos velocípedos se disputan el honor de haber sido los primeros.
Pocos años más tarde la ingeniería alemana, como no, de la mano de Gottlieb Daimler, el padre de los Mercedes, tomó la iniciativa construyendo el Reitwagen o “vehículo montable”, el primer velocípedo con motor de combustión interna a benzina, en aquellos tiempos un producto de limpieza que se vendía en las farmacias. El ingenio iba montado en un chasis de madera sobre dos ruedas, también de madera, y con su cilindro de 264 cc rendía medio caballo de potencia que le permitía alcanzar los 11 km/h. Como el prestigioso diccionario Oxford English Dictionary define “motocicleta” como “vehículo de dos ruedas impulsado por un motor de combustión interna”, para muchos historiadores el Reitwagen es realmente la primera moto de la historia.
En 1902 se comercializó en Francia el primer escúter, llamado allí “auto-sillón”, popularizado tras la Segunda Guerra Mundial por las marcas Vespa y Lambretta. En 1903 los veinteañeros Harley y Davidson construyeron en el garaje de la casa de Davidson su primer prototipo y comenzaron sin más su producción y venta. En 1921 los aviadores italianos Guzzi y Ravelli fundaron su famosa compañía de motocicletas y en el 23 lo hizo BMW con su motor “bóxer”. ¡Qué tiempos tan creativos!
Cuando con mi familia íbamos a Madrid, en los tiempos del “Cuéntame” mi padre, flamante poseedor de un 4L de tres marchas, se paraba en todos los escaparates de las tiendas de coches de la Castellana y permanecía un rato embobado con los Mercedes, los Ford Taunus y los Peugeot 304, solo al alcance de los pudientes. Yo le estiraba de la mano para hacer lo mismo en los escaparates de las tiendas de motos, pegando la nariz al vidrio tras el cual se encontraban las Derbi Antorcha, las Bultaco Lobito y las Montesa, pues la fascinación del velocípedo de dos ruedas siempre ha podido conmigo. Así que éste fin de semana, a Motorland a oír rugir las brutales máquinas de hoy. Además, si os concentráis un poco y miráis fijamente a las barandillas de las terrazas VIP del paddock, os aseguro que podréis ver a unos tipos vestidos con trajes de otra época: son los espíritus de Roper, Perraux, Daimler, Guzzi, y los demás padres de las motos disfrutando de las carreras. ¡A disfrutarlas todos!
