
La mañana del 24 de enero de 1965, fallecía en Londres Sir Winston Leonard Spencer-Churchill. El descendiente del duque de Malborough, el mismo de la antigua cancioncilla que cantaban nuestras abuelas jugando a la rayuela “Mambrú se fue a la guerra, mire usted, mire usted que pena...” moría a sus 90 años tras un ataque cardíaco. Militar brillante, buen jugador de polo, político de influencia mundial, premio Nobel de literatura, prolífico historiador, pintor impresionista, magnífico orador, persona de humor chispeante que solía decir “quien habla mal de mí a mis espaldas mi culo contempla.“... El personaje daría para una enciclopedia y yo, en el día del 47 aniversario de su muerte, pretendo homenajearle ante los lectores de Bajo Aragón Digital ¡en unas pocas líneas! En fin, “audaces fortuna iuvat” (la fortuna ayuda a los audaces). Así que no sé por donde empezar. En fin, os cuento:
Mientras en España se celebraba el Día del Pilar de 1899, Winston era capturado por los “bóeres” y conducido a un campo de prisioneros en Pretoria. En unas semanas, el avispado oficial de 25 años había preparado un plan de fuga, burlaba la vigilancia de los guardias y escapaba, recorriendo después a pie 480 kms. hasta llegar a Maputo. En vez de volver a casa, se unía al ejército del general Buller, siendo el primero en entrar en Pretoria, pero haciéndolo a través del que había sido su campo de prisioneros y liberando antes a sus compañeros británicos. Con un par.
Al año siguiente dejó el ejército y se presentó a las elecciones, ganando un escaño en el Parlamento Británico y, como era de esperar, en cuatro años lo puso patas arriba con sus vehementes discursos en una lucha sin cuartel por conseguir una economía de mercado libre entre los países occidentales. Un visionario.
Tras multitud de avatares políticos y tras participar brillantemente en la Primera Guerra Mundial como Primer Lord del Almirantazgo, volvió a la política siendo nombrado Ministro. En esa época ratificó con su firma el Tratado Anglo-Irlandés del que germinaría el Estado Libre de Irlanda. Un estadista.
No muchos años más tarde, y quizás sea lo más conocido de su biografía, fue el único político del mundo en denunciar abiertamente el rearme alemán y las intenciones de Hitler y su joven “Partido Nacional Socialista Alemán de los Trabajadores” tristemente conocido por su nombre abreviado “Partido Nazi”. Pese a sus airadas protestas y advertencias y ante la pasividad y el mirar para otro lado de los franceses, del resto de Europa y de su propio gobierno, Hitler empezó a hacer de las suyas. Sir Winston pronunció entonces su famosa frase: “ Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra... elegisteis el deshonor.... y además tendréis la guerra". Ya sabemos lo que vino después. Un clarividente.
Con un par, visionario, estadista, clarividente… Son sólo unos destellos en medio de un mar de luces de una biografía que me hace sentir como hormiga al lado de elefante. Pero lo que ante todo me hace quitarme el sombrero es que Churchill fue una persona que, estando en el primer plano del poder en tiempos muy revueltos y que, pese a sus orígenes nobles, no era un hombre rico, ¡no robó un penique!, asunto nada desdeñable como ejemplo en éstos tiempos de “Cavalieres” puteros, Chiracs de maletines repletos, EREs fraudulentos y Gúrteles a tutiplén.
¿Son nuestras modernas sociedades, sus ¿avanzados? sistemas educativos, nuestras ¿incuestionables? escalas de valores políticamente correctos capaces de generar hombres y mujeres de ésta talla? Quiero pensar que sí y me encantaría que fuese español, qué carajo. Mientras tanto, Winston Leonard Spencer, que en Gloria estés.
