Opiniones

José Antonio Pérez Cebrián

Por qué son necesarias las cajas rurales

Las cajas rurales, dedicadas preferentemente a la financiación del mundo rural, son entidades con más de cien años de antigüedad, que nacieron directamente vinculadas a las necesidades de financiación de los agricultores y ganaderos. En la gran mayoría de las comunidades autónomas, estas entidades bancarias surgieron desde abajo hacia arriba, por la propia iniciativa de pequeños y medianos agricultores agrupados en cooperativas agrarias, como respuesta a los problemas que encontraban para financiarse con la banca tradicional. En muchos casos, estas entidades también han sido las responsables de financiar las actividades industriales y de servicios de las micropymes locales, siempre desde un ámbito local y con un fuerte arraigo al territorio. Por este motivo, las cajas rurales han contribuido de manera decisiva, activa y directa a desarrollar y consolidar una estructura productiva de pequeñas y medianas empresas clave para la generación de empleo estable y duradero en España.

Las cajas rurales han sido, junto con las desaparecidas cajas de ahorros, las representantes de la banca social en España y las encargadas de gran parte de la financiación de la agricultura y la pequeña y mediana empresa. En el global del Estado, han tenido una presencia muy significativa en la financiación de numerosos sectores del tejido productivo, tanto cualitativa como cuantitativamente, habiendo llegado a conceder más de 2.000 millones de euros anuales en créditos a la agricultura, de un total de poco más de 3.500 millones de euros, con un peso porcentual (de casi el 58%) superior al de las antiguas cajas de ahorros y muy superior al de los bancos privados. Por tanto, no se trata de entidades con un peso y presencia marginal y de reciente creación, sino, muy al contrario, instituciones con gran tradición y que han jugado un papel clave en la evolución de la economía productiva agraria e industrial de muchas localidades, comarcas y comunidades autónomas.

Por otro lado, sus niveles de solvencia, eficiencia y rentabilidad son superiores no solo a los de los bancos herederos de las antiguas cajas de ahorros, sino también a los de la banca privada. Su pequeño tamaño en comparación con las grandes corporaciones bancarias formadas en España no ha perjudicado su capacidad para generar beneficios económicos, dado que, como se puede comprobar, estos han seguido una tendencia positiva a lo largo de toda su historia. Por tanto, con independencia de su tamaño han demostrado ser entidades viables y solventes desde el punto de vista económico, y que además están resistiendo muy bien la crisis económica y financiera actual. Pero, además, han contribuido de manera significativa a generar beneficios sociales, contribuyendo a través de sus fondos de educación y promoción al crecimiento y desarrollo de los territorios en los que actúan, patrocinando actividades culturales, artísticas y sociales, al igual que hicieron las extintas cajas de ahorros con su obra social. Su carácter cooperativista les proporciona también una característica diferenciadora clara con respecto a los bancos privados, como es su funcionamiento democrático, dado que la gran mayoría de clientes y empleados de la entidad son socios, participando así directamente de sus decisiones (recordemos que, por lo general, rige el principio de “un socio, un voto”) y beneficiándose directamente de la buena marcha de la entidad.

En definitiva, las cajas rurales son entidades bancarias privadas sólidas económicamente y solidarias socialmente, lo que les da un carácter realmente especial y necesario hoy en día, tras la desaparición de las cajas de ahorros. Su idiosincrasia, basada en el doble carácter económico y social (cabe recordar también que están incluidas dentro de la Ley 5/2011, de 29 de marzo, de economía social), las sitúa en una posición clave para favorecer, con su actividad crediticia no orientada en exclusiva al beneficio económico, la recuperación económica, contribuyendo con su actividad financiera a crear nuevas empresas y mantener las existentes. Y además, son las únicas entidades bancarias que en la actualidad luchan contra el fenómeno de la exclusión financiera, que se está acelerando de manera preocupante durante estos últimos años de crisis como consecuencia de la desaparición de las cajas de ahorros y el incesante cierre de oficinas por parte de los bancos herederos de su actividad financiera, de manera que cada vez son más los municipios que se están quedando sin oficinas bancarias. La existencia de las cajas rurales, la gran mayoría de las cuales han mantenido intacta, si no la han aumentado, su red de oficinas, garantiza el mantenimiento de oficinas bancarias en aquellos pueblos en donde a los grandes bancos no les resulta rentable tener presencia física. Se trata, por tanto, de entidades socialmente responsables y económicamente viables, que son necesarias en estos momentos para salir de la crisis económica en la que estamos inmersos.

Estos últimos días se ha corrido un rumor por los medios impresos de Madrid, creemos que de forma interesada de que las autoridades económicas podrían sopesar la posibilidad de convertir las Cajas rurales en Bancos. Bajo nuestro punto de vista, se cometería un grave error porque en Europa existen 3.700 Cajas rurales con 60 millones de socios, 230 millones de clientes, 850.000 empleados y 71.000 oficinas y tienen el 25% de cuota de mercado del negocio bancario.

Somos de la opinión que desde la desaparición de las Cajas de Ahorros y su fusión y absorción o conversión en bancos, las Cajas Rurales que ahora tienen el 5% de cuota nacional , aunque en Teruel tenemos casi el 30%, llenarán el hueco que la economía social demanda.

No todo el mundo quiere bancos y para los que quieren Cajas ahí está el Grupo Rural con 28 cajas y volúmenes importantes en activos, oficinas y empleados fidelados a nivel europeo con esas miles de Cajas Rurales francesas, alemanas, etc.

Frente al oligopolio de la banca, quedaremos las Cajas Rurales para mantener oficinas en los pequeños pueblos y para atender a clientes de territorios más humildes y cooperativas y PYMES y cumpliendo un papel fundamental en el mundo rural.

Seguiremos siendo cooperativas.

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