Opiniones

José Lop

No disparen al pianista

Tengo una regla, una máxima de conducta a la que siempre me he mantenido fiel: no hablar y menos opinar de temas, de materias que desconozco. Hoy la voy a romper para comentar la interpretación de Santiago Sáenz el pasado domingo acompañando la proyección de la película “El Niño” de Chaplin, pisando terreno resbaladizo.

La música para mi es una de mis asignaturas pendientes, no tuve ocasión de aprender algo de ella en mi juventud, tocar un instrumento un poquito, cantar en un coro, etc., ni tampoco he sido un gran aficionado luego, por eso hablo de terreno resbaladizo.

En su corta introducción el Sr. Sáenz dijo, no me acuerdo con que palabras, que no estuviésemos pendientes de él, que lo olvidásemos, que estuviéramos pendientes de la película y que disfrutáramos de la representación; una recomendación errónea, pues en mi opinión, yo creo que debemos de estar siempre presentes con todos los sentidos despiertos, atentos a todas sensaciones, y que en esta ocasión no se interferían, sino que se complementaban, el acompañamiento musical fue una acertada aportación adicional, a las imágenes, cambiando de ritmo según el dinamismo de la acción, con su ligereza o gravedad de tonos acordes a las emociones de la trama, fueron a lo largo de toda la película un gran atino.

No puedo utilizar calificativos como grandiosa composición, genial creación, virtuosa interpretación, eso lo dejo para alguien que este capacitado para ello, pero como espectador atento, interesado, si que puedo y quiero decir que Charlot y el niño tuvieron muy bien acompañados, que encontraron un buen amigo que con su logrado trabajo revalorizo su obra, y que al escaso publico –la hora no fue muy acertada- nos proporciono un nuevo disfrute de algo tan conocido con una intensidad que no esperábamos.

 

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