
El Gran Premio
Ya hemos padecido este año otra vez la visita de docenas de miles de moteros, con motivo del “Gran Premio Motorland”. Este evento de indiscutible relevancia para la economía de la región, sobre todo para el sector de la hostelería, también proporciona unos ingresos extras a un gran número de gente que tiene alojamientos para alquilar, y el poner en los televisores de millones de espectadores de todo el mundo la región, también tendrá un buen efecto a largo plazo, va acompañado por unos ruidos (música, fiesta) que de modo conciliador podíamos llamar molestos, y que estamos dispuestos a asumir como pequeños daños colaterales –la expresión esta de moda- Pero entre este colectivo, en su mayoría de gente joven -los que no lo son quieren parecerlo- hay una minoría de narcisos “freaks”, que por no tener en la cabeza algo de lo que sentirse orgullosos, quieren destacar y presumir con lo que tienen bajo el culo. Me refiero a los practicantes de los “acelerones-quemagomas”.
Estos simples que de manera ostentativa manifiestan enormes deficiencias psíquicas que los inhabilita para la conducción de cualquier vehiculo, que en lugar de lucir chaqueta de cuero, deberían vestir camisa de fuerza, que hacen de sus motos un instrumento para mostrar su hombría, que las convierten en una bomba de relojería que puede estallar en cualquier momento, que presumiblemente son los causantes de accidentes que causan enormes desgracias a si mismos y a terceros, en mi opinión se debería aprovechar la ocasión para retirarles el carné de conducir y requisarles las motos.
