
Alerta roja para Aragón
Las horas de sol se van prolongando, las temperaturas suben, la primavera esta a la vuelta de la esquina, y pronto oiremos los entrenamientos de los redobles anunciando la Semana Santa. Es la época del año en que nuestros vecinos catalanes nos visitan en gran número. Eso esta bien, así vuelve a nuestra región parte del dinero que nosotros nos dejamos en sus playas, pero para que esto se desarrolle en un ambiente de convivencia armónica y provechosa, es conveniente estar atentos y tomar ciertas precauciones. Para que nuestros paisanos de la “barretina” se lleven unos recuerdos, unas vivencias inolvidables, solamente.
En primer lugar hay que asegurarse de que todas las ermitas e iglesias están cerradas, imposibilitando la entrada a todo desconocido, y si hay algún anciano solitario abandonado en su casa solariega, con su vieja biblioteca y sus antigüedades, a los párrocos y ermitaños de avanzada edad, con síntomas de decadencia senil, y también a los de origen extranjero, es indispensable no dejarlos solos, que una persona joven, responsable, los acompañe en todo momento, para evitar que estos sean embaucados por algún “antiquari” o algún curador de museo, u otras personas ávidas de botín, atención pueden venir camufladas, incluso de personas de buena fe, vestir habito, portar mitra y báculo, pero en esa región el mandamiento: “No codiciaras los vienes ajenos”, esta caducado, no tiene vigencia alguna. Hay que evitar que la imagen del retablo, la talla de la Virgen o el santo de su devoción se la cambien por una de plástico del bazar chino. La perdida seria incalculable, irremplazable, pues aunque estas últimas sean más coloridas y adornadas con lucecitas intermitentes no son milagrosas.
La misma atención tendrán que tener los responsables de ayuntamientos con sus archivos, los bibliotecarios, los encargados de los pequeños museos desparramados por la región, para evitar el expolio continuado de nuestro patrimonio cultural, pues son muy codiciosos de todos documentos y objetos históricos, ya nos han robado la bandera, y no hacen alto ni ante los bienes inmateriales, están secuestrando nuestra historia para construir su fabula fantasiosa del “Imperio Catalán”. Al requerimiento ¿puedo coger esto? negárselo con un rotundo ¡No! pues usted entenderá que lo quieren ver mejor, ver de cerca, pero si lo permite, ellos le sorprenderán con un ¡Donación!, ¡Donación! ¡Mío! Y con un reflejo instintivo, como el cocodrilo que hace presa, ya no hay fuerza capaz de rescatarlo de sus manos, aunque las sentencias de diez tribunales les obliguen a la devolución.
En nuestro comportamiento debemos de dispensarles una acogida cordial, esforzarnos para que se encuentren cómodos, como en su casa, para lo que tenemos que renunciar a nuestra generosa hospitalidad y no convidarlos, hacerles pagar por todo, pues es el único proceder que ellos conocen y con el que se encuentran muy a su gusto, las invitaciones, los regalos, les producen inquietud, desasosiego, ansiedad, malestar, como a todos nosotros cuando nos enfrentamos con una actitud humana, una situación nueva extraña e incomprensible.
Por ultimo si entran en contacto personal con ellos, en una conversación distendida, no se hagan los simpáticos contándoles un chiste de catalanes como: Un catalán, camarero ¿cuanto cuesta el café? un euro, ¿y el azúcar? es gratis, pues póngame dos kilos. ¡Que bueno! ja ja ja. ¡No! así no, esta fuera de lugar, ellos son diferentes, otra cosa -creen que algo mejor- tienen otra mentalidad, otro humor, y no lo entenderán.
Hay que ser personas abiertas y cosmopolitas, y no dejarse guiar por los prejuicios, los tópicos, los clichés, los estereotipos los recelos y las suspicacias, estemos vigilantes, pero seamos corteses, recibámoslos con una sonrisa.
