Opiniones

José Luis Pueyo

My favorite things

John Coltrane está sonado de fondo mientras enciendo la estufa de leña. El sonido aterciopelado de su saxo soprano acaricia la habitación. Brasas, como cada día que enciendo la estufa, se sienta todo lo largo que es frente a ella, con su pequeña naricilla a un palmo del agujero del tiro por donde se empiezan a ver las primeras llamas. Se queda absorto sin apartar la vista del fuego, ajeno a todo lo pueda pasar a su alrededor. Brasas llegó a casa con Manchas y Pardi. Quise tener tres gatos porque pensé que así se entretendrían entre ellos y no me necesitarían más que para que cuando llegara la hora de comer. Pero están tan humanizados que a veces me pregunto si ellos se dan cuenta de que son gatos y no personas. Sobre todo Brasas, que se ganó su nombre no porque le gustase sentarse frente a las brasas, sino porque es un pesado, siempre encima dando la brasa...

Evidentemente Brasas no es consciente de que su nombre no tiene relación con su fascinación por el fuego, ni sabe que esta irresistible atracción es algo que siempre nos ha parecido a los humanos tan propio de los humanos. Así que este hechizo que producen las llamas debe tener más que ver con el instinto animal más primitivo. Y yo, dejándome llevar por ese instinto, me he abierto una cerveza, he puesto en un platito unas olivas negras y unas almendras tostadas, y me he repantigado en el sofá frente a la estufa. El saxo de John, a un volumen bajito, se entremezcla con el crepitar de las brasas. La tele está apagada, como casi siempre; el móvil en silencio además de en paradero desconocido; el ordenador desconectado. Nada perturba estos instantes de sublime placer.

Voy dando sorbos a la cerveza fresquita mientras mastico despacio los deliciosos manjares sin poder apartar la vista de las llamas que se ven a través del agujero del tiro. Y mientras, pienso en el título del tema que está tocando Coltrane, My favorite things, y voy repasando cuáles son mis cosas favoritas. Y me doy cuenta de que las que me producen más placer, son precisamente las más sencillas. Y mientras pienso en ello se me acaba la cerveza. Me levanto a por otra y vuelvo a sentarme frente a la estufa.

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