Opiniones

José Luis Pueyo

Renta básica

Los suizos han dicho que no a la renta básica. En fin, ellos verán lo que hacen. El caso es que la propuesta da para pensar un buen rato. Aunque en realidad, lo que me hizo pensar más en esto mientras escuchaba el resultado, fue el acto de echar gasóleo al coche. Nadie estaba allí para realizar esta operación. Yo me lo guisé y yo me lo comí. Al igual que ya está pasando en los supermercados en los que hay cajas en las que tú mismo te escaneas los productos; o como sucede cuando llamas a la atención al cliente de casi cualquier servicio, donde son máquinas las que te atienden; o como sucede en las compañías productoras de bienes de consumo, donde sofisticados robots se encargan de casi todo el proceso; o con las tiendas “on-line”, con las que ya no se necesita a casi nadie para vender cualquier tipo de producto, etcétera, etcétera, etcétera...

 

Y me subí al coche con todos estos pensamientos en la cabeza y con la noticia suiza, y en cosa de 5 minutos ya tenía elaborado un plan económico mundial. Para haberlo pensado en 5 minutos, no me disgustó el resultado. Supongo que dedicándole a la idea algunos minutos más (o algunos meses...), se podría pulir bastante y dejarla escoscadica para presentarla a referendum...

 

Es muy simple, aquí van unas pinceladas sueltas, para hacernos una idea. Digamos que se trata de sumar todas las horas de trabajo que se necesitan para que toda la “maquinaria” de un país funcione, y repartirlas entre el número habitantes. Supongamos que el resultado da 3 horas al día por habitante, por poner una cifra. Entonces, todos las personas en edad de trabajar tendrían que aportar esas 3 horas de trabajo a la comunidad. El dinero a cobrar sería el mismo para todos, el que se estipulara como renta básica (siguiendo la idea de los suizos). La gestión de la bolsa de dinero correría a cargo del gobierno, obviamente, y una de las aportaciones importantes a esa bolsa sería todo el paquete de ayudas y subsidios (desempleo, etc.) que desaparecerían automáticamente, ya que nadie necesitaría de esas ayudas (dejo aparte los casos particulares de personas con necesidades especiales, que habría que atender como es debido, lógicamente). Las empresas privadas, por su parte, tendrían que hacer el “sacrificio” de no tener en su horizonte de negocio el hacerse multimillonarios. Es decir, se establecería un porcentaje de beneficios lo suficientemente razonable como para que los emprendedores mantuvieran su deseo de montar empresas, pero el lucro codicioso se acabaría.

 

Como decía, esta idea es fruto de escasos 5 minutos de cavilaciones, así que las posibles críticas confío que sean proporcionales al tiempo empleado en esbozar la idea… En cualquier caso, si alguien se atreve a tildar todo esto de ingenuo, mi consejo es que se siente un rato a reflexionar y que intente imaginar cómo puede ser el futuro no tan lejano. La necesidad de mano de obra va a ir descendiendo a velocidad exponencial, lo preveo no sólo yo sino muchos expertos, y en cosa de un par de décadas, o hemos adoptado una solución en la línea que estoy planteando, o escenarios como el de “Mad Max” parecerán un cuento de Disney...

 

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