Opiniones

José Luis Pueyo

El tartán y el amor patrio

 

El fin de semana pasado conocí a Alberto Sábado. Yo no sé si todo aquel que lea esto sabrá quién es este alcañizano. Si me equivoco igual alguien puede corregirme, pero según mis datos Alberto Sábado es el mejor corredor de medio fondo de todos los tiempos que ha visto nacer Alcañiz. Coincidí con él en la media maratón de Andorra. Un viejo amigo mío de Binéfar venía a correrla y con la excusa de volver a vernos me engañó para apuntarme.

No viene al caso explicar aquí en qué lamentables condiciones acabé tras recorrer los 21Km. Dejémoslo en que bastante hice con acabar, contando con que no me había calzado unas zapatillas de correr desde el mes de junio. Y mientras reposaba intentando recobrar el aliento y haciendo recuento de un montón de músculos y fibras de mis piernas de las que no tenía noción de su existencia pero que ahora se estaban manifestando con intenso dolor, mi amigo me presentó a Alberto. Un binefarense presentando a dos alcañizanos entre sí. Y ahí estuvimos un ratico charrando a la vez que disfrutábamos de la camaradería que se respira en estas pruebas populares, donde más allá del deseo personal de cada cual de superar sus límites, están esas ganas de “buen rollito” compartiendo una cansada pero hermosa afición. Adictiva en algunos casos, según pude comprobar por lo que contaban. Se ve que se corre el riesgo de que las endorfinas que se liberan al correr, te enganchen.

El caso es que a Alberto nadie le ha regalado nada de lo que ha conseguido. Tiene una marca, si no me equivoco, de 3:43 en los 1.500m. Eso es simplemente una barbaridad. Hay muy poquita gente en España que sea capaz de hacer algo así. Pese a ello, Alberto tiene que seguir trabajando cada día como cualquier trabajador normal para poder llevar los garbanzos a casa. Entrena 300 días al año, me contaba, y se organiza cada día como buenamente puede para llegar a todo. Si en este país se reconociera de verdad a los grandes talentos (en todos los órdenes), tendrían ayudas que les permitieran ser aún mejores de lo que son. Pero ni siquiera en su propio pueblo tiene el apoyo de las instituciones. Alguien me explicó (no fue él), que en su día se barajó en el ayuntamiento la posibilidad de poner tartán en la pista de atletismo. Como sabemos, eso no ha llegado a suceder. Y se ve que alguien comentó “sí, claro, vamos a poner tartán sólo para que corra Alberto”. Estoy convencido de que si Alcañiz saliera en todos los medios de comunicación gracias a una gesta de Alberto, quien dijo eso sacaría pecho orgulloso e iría diciendo por ahí “¡eh, que ese es de mi pueblo!”. El amor patrio sale a relucir con facilidad en nuestros lares, pero se hace bien poquito para que esos logros puedan llegar a suceder.

No se pone tartán en una pista de atletismo para una persona. Se pone tartán para animar a todo el pueblo a hacer deporte y a hacerlo en las mejores condiciones. Y si por fortuna aparece alguien que tiene el talento de conseguir grandes metas, servirá de referente y ejemplo para que otros se animen a sacrificarse como él e intentar emularle.  Y ahí se empezaría a ver la rentabilidad del tartán (o de cualquier otra inversión social que se nos pueda ocurrir), cuando eso que parecía que sólo lo iba a aprovechar uno, en realidad era una apuesta de futuro para toda la comunidad.

Deseo que algún día Alberto consiga alguna gesta en Europa o en el mundo que le haga ser conocido y reconocido por todos. Pero no para sacar pecho y henchirme de orgullo patrio, sino simplemente por él, porque con el esfuerzo que hace y las dificultades que tiene que vencer, se merece llegar muy lejos.

Otros artículos de opinión

Image