Opiniones

José Luis Pueyo

Maneras de vivir

Tengo en mi casa a dos chilenos. Van a pasar conmigo un par de semanas. No los conocía de nada, han llegado a parar a mi hogar porque estoy apuntado a un lugar de internet llamado “workaway”, que está pensado para viajeros de esos que no saben lo que es una agencia de viajes. En estos momentos yo no soy el viajero, estoy quieto-parao, pero me gusta acoger a otros viajeros. Supongo que tendrá que ver con eso de esparcir buen karma por el universo, que luego algo volverá a uno...

La verdad es que ellos son mi primera experiencia en este sistema. Ya he recibido a mucha gente que viaja con la opción “couchsurfing”, que es simplemente ofrecer alojamiento sin más, pero esta otra modaidad, el “workaway”, es un tanto más peculiar: hospedas a la gente a cambio de su trabajo; un trueque interesante. Así pues, la semana pasada recibí un mensaje de una pareja diciendo que les apetecía venirse a mi hogar a estar un par de semanitas ayudándome con mis cosas. Alguna vez tiene que ser la primera, así que tras advertirles del tremendo frío y del maldito viento que les esperaba por aquí, les dije que por mí no había ningún inconveniente.

Este asunto no tendría mayor importancia si no fuera por la edad de la parejita. El tiene 21 años y ella 19. Anika ha estado ahorrando desde que cumplió 16 porque se le metió en la caza viajar por el mundo lo antes posible. Su madre le dijo que le parecía todo muy bien pero que no iba a subvencionarle en absoluto su sueño, así que se dedicó a trabajar, mientras estudiaba, en todo lo que le ofrecían. Me confesaba que le está tremendamente agradecida a su madre por haber tenido esa actitud con ella. Y Joaquín se sumó a la aventura porque el amor tiene estas cosas...

Y aquí los tengo, echando una mano en lo que pueden (hay mucha voluntad, pero se nota bastante la juventud con la inexperiencia que eso conlleva a la hora de trabajar, jeje...), compartiendo durante unos días mi espacio y una forma común de ver el mundo. Y esto me choca porque no me imagino a ninguno de mis alumnos, ni los de este año, ni los de los últimos 20, haciendo algo así, escribiendo a un desconocido que está en un lejano continente que nunca has visitado, pidiéndole que te deje ir a su casa a echarle una mano...

Sirva este escrito, pues, para animar a almas cansadas de lo cotidiano, astiadas de la rutina, a convertirse en viajeros, o al menos a ser anfitriones de los que ya se han decidido a colgarse la mochila. Es muy gratificante, en serio.

Otros artículos de opinión

Image