
Match point
Hace poco volví a ver la película de Woody Allen “Match point”. Recuerdo que la primera vez me impactó, pero también me he dado cuenta ahora de que no le saqué todo el jugo que me ha aportado este segundo visionado. Para quien no la haya visto, le recomiendo que en lugar de perder el tiempo en algún cine aburriéndose con bodrios del tipo “50 sombras de Grey”, que se quede en casa calentito tirado en el sofá y con una buena bebida cerquita, y que disfrute (si es que esa palabra se puede utilizar en este caso) de esta original e ingeniosa metáfora de la vida.
Woody nos ilustra con un mensaje clave. Utiliza la situación de una pelota de tenis que tras dar en la red, no se sabe en qué lado del campo va a caer. Si lo hace en el del contrario, ganas, y si lo hace en el tuyo, pierdes. En la vida es más determinante tener suerte, que todos los esfuerzos que uno pueda hacer para que le vayan bien las cosas. Puede parecer injusto, y seguramente lo sea. El problema es que realmente es así.
Al ver una película, uno espera que siguiendo unos criterios éticos convencionales, los variados personajes vayan corriendo distintas suertes, y que así los buenos tengan su recompensa, y los malos su castigo implacable. Pero esta película habla de la suerte, y la suerte no tiene ningún parentesco con la justicia. Esta película, en definitiva, habla de la vida, y en la vida la justicia no es más que una simple palabra.
Y es la única forma de entender lo que sucede cada día. Uno puede ser una bellísima persona y darse de bruces con la mala suerte, mientras que otro puede ser un maldito malnacido y tener de guardaespaldas a la buena suerte. Aunque el calcetín puede darse la vuelta un buen día.
O no.
Así que de ahora en adelante, cuando quiera desearle a alguien algo bueno, me limitaré a desearle suerte. Y para los otros, para los malnacidos que ganan siempre a la ruleta rusa, ojalá haya alguien por ahí que sepa echar mal de ojo. Y que lo haga rápido, por favor.
