Opiniones

José Luis Pueyo

El amor y las leyes

Este fin de semana leía con sorpresa y también con gran emoción una noticia en El País que contaba lo que habían hecho tres mujeres brasileñas que se amaban: casarse las tres juntas. En el siguiente enlace se puede leer la noticia completa:

http://internacional.elpais.com/internacional/2015/10/23/actualidad/1445616774_444728.html

Evidentemente no han tardado en salir a escena los iluminados que han criticado esta situación, recordándonos a todos cómo debe ser una familia. Las tres mujeres no opinan lo mismo, y dicen “Somos una familia. Nuestra unión es fruto del amor.” Pero los iluminados niegan lo que sienten esas mujeres porque son los poseedores de la moral verdadera, son los que saben lo que está bien y lo que está mal, son los que nos indican el camino que debemos seguir cuando nos descarriamos, son los que nos juzgan y hasta nos condenan con sus leyes (o con la omisión de ellas). Son los conservadores que existen en todas los países del mundo, por muy “civilizados” que reclamen ser. Y son muchos. De hecho en nuestro país gobiernan en la actualidad con mayoría absoluta.

Así que cuando uno deposita su voto en la urna (o cuando no lo hace), ha de ser consciente de las consecuencias de ello. Hay partidos que no creen en la libertad de las personas, y que por tanto están dispuestos a impedir que se ejerza esa libertad. Y no creo que a estas alturas haya que explicar lo que es la libertad. Esas tres mujeres, llevando hasta la notaría su decisión de querer ser una familia por la simple razón de que se aman, no están haciendo daño a nadie. Su ejercicio de libertad no daña la libertad de otros, que es la premisa básica de la libertad. Y ahí es donde los partidos conservadores dan el puñetazo en la mesa e intentan impedir que la gente piense, sienta, ame y actúe como le plazca, en respetuosa libertad con el resto.

Pero esto es lo que hay. El avance de la sociedad hacia un escenario en el que los sentimientos individuales gocen de libertad real, es lento y tortuoso. Aquí muchos se echan las manos a la cabeza al observar las costumbres de países de corte islámico y similares. No les falta razón. Pero a mí me parece igualmente retrógrado (y me echo las manos a la cabeza) el intentar mantener a toda costa el modelo de familia tradicional, cuando vemos que cada vez hay más gente desea vivir de una manera que nada tiene que ver con eso. Así que si amas tu libertad, cuidado en quién delegas para que vaya dictando leyes.

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