
Dioses y banderas
Tenía la mirada perdida en dirección a la tele sin prestar atención a la letanía de noticias de los últimos días sobre los malditos yihaidistas y los cansinos independentistas cuando, surgiendo por detrás, una cálida mano comenzó a acariciarme suavemente la cara. Enseguida sentí sus húmedos labios besando mi cuello, pausadamente, con increíble dulzura. Respiré profundo, cerré los ojos, y me dejé llevar.
Mi respiración se había comenzado a acelerar y entonces se levantó, alimentó el fuego del hogar con algo más de leña, apagó la luz del salón, y metió en el equipo de música un disco de María José Hernández. Entonces comenzó a acercarse hacia mi mientras se desabrochaba sugerentemente el vestido, revelando su aterciopelada piel tenuamente iluminada por las llamas. Se sentó sobre mi regazo, me arrebató el mando a distancia que todavía tenía agarrado de manera mecánica, y llevó mi mano entre sus muslos invitándome a acariciarlos. El fuego crepitaba como sólo el fuego sabe hacer, y María José nos seguía susurrando canciones de amor como sólo ella sabe cantar, y mientras, ella rozaba su pubis cadenciosamente sobre mi, aumentando el ritmo cada vez con más pasión. La temperatura había subido peligrosamente. Hacía calor, mucho calor.
Acurrucados en el sofá y entrelazados nuestros cuerpos desnudos en un abrazo infinito, María José comenzó a cantar “Imagínate”. El mando a distancia cayó al suelo y la tele se encendió. Seguían repitiéndose las imágenes de antes, descerebrados asesinos matando en nombre de su Dios, y banderas a rayas rojas y amarillas portadas por seres de caras crispadas por el odio. Apartamos la vista de tan desagradables imágenes y nos pusimos a tararear con María José una de las estrofas de su canción.
“Imaginate
que sólo la primavera estalla,
que mi cuerpo es el único campo de batalla
imagínate, bailando sobre las fronteras
y puestos a imaginar imagina,
que no hay ni dioses ni banderas.”
Se nos humedecieron los ojos, nos abrazamos aún con más fuerza de lo que ya estábamos, y comenzamos de nuevo a acariciarnos, a besarnos, a amarnos...
