Opiniones

José Luis Pueyo

Tan pocos haciendo daño a tantos

Una vez más, unos tarados han puesto a toda Europa en jaque. Y un primer análisis superficial de los atentados de Bruselas y de los que ha habido similares en el pasado cercano, nos puede hacer pensar que esto es imposible de parar. Cuando unos individuos son capaces de inmolarse de esta manera tan salvaje, eso no hay nadie que lo pueda detener. Si un terrorista pretende hacer todo el daño posible pero no quiere morir en el proceso, ahí tienes alguna oportunidad de ponerle alguna dificultad. Pero cuando la propia muerte se convierte en el premio gordo final, ¿ahí qué se puede hacer?

Ante este angustioso panorama, ya parece que todas las medidas que se tomen parecen pocas, pero lo que es peor, se da ya por bueno que nuestra libertad individual ya no tiene ningún valor frente a la “seguridad” del grupo. Pero yo creo que en nuestro continente este asunto está sobredimensionado. Un análisis atendiendo más a las cifras, nos puede hacer ver las cosas de otra manera. ¿Cuántos atentados de este tipo ha habido en Europa en los últimos años, desde el de Madrid? Bueno, pues he tirado de hemeroteca y sale esta lista:

- España, 11 de marzo de 2004: Diez explosiones en cadena en cuatro trenes de cercanías causan 191 muertos y más de 1.600 heridos en Madrid.

- Holanda, 2 de noviembre de 2004: El cineasta holandés Theo van Gogh, conocido por sus críticas al Islam, es asesinado en Amsterdam (Holanda) por un joven de nacionalidad holandesa y marroquí.

- Inglaterra, 7 de julio de 2005: Cuatro explosiones perpetrados por islamistas en Londres, tres en el metro y una en un autobús, causan 56 muertos (incluidos cuatro terroristas) y 700 heridos.

- Bulgaria, 18 de julio de 2012: Un terrorista suicida yihadista causa ocho muertos al hacer estallar su carga en un autobús con turistas israelíes en el aparcamiento del aeropuerto de Burgas.

- Francia, 19 de marzo de 2012: El musulmán francés Mohammed Merah asesina a tres niños, al padre de dos de ellos y a tres paracaidistas de origen magrebí en tres ataques en las ciudades de Toulouse y Montauban.

- Inglaterra, 22 de mayo de 2013: Dos hombres de ideología islamista asesinan con un machete a un soldado en el barrio londinense de Woolwich al grito de "Alá es grande".

- Bélgica, 29 de mayo de 2014: Un yihadista francés asesina a tiros a cuatro personas en un ataque contra el Museo Judío de Bruselas.

- Francia, 7, 8 y 9 de enero de 2015: Un total de 17 personas mueren en tres atentados yihadistas en la zona de París, entre ellos a la revista Charlie Hebdo.

- 14 de febrero de 2015: Dinamarca. Omar El-Hussein, danés de origen palestino, abre fuego con un arma automática contra un centro cultural en el que se celebra una conferencia con el tema "Arte, blasfemia y libertad".

- Francia, 13 de noviembre de 2015: Un total de 130 muertos y 350 heridos en París en la sala Bataclan y otros atentados más en la ciudad.


A la vista de esta lista quizá podemos estar de acuerdo en que la actividad terrorista de estos dementes, si bien es tremendamente dañina, en realidad es bastante escasa. Algunos de sus actos han sido tristemente brutalmente llamativos, pero el número de terroristas que han sido capaces de perpetrarlos no llegan a la treintena. Uno ve las imágenes de los dramas y cuando sale a la calle acaba mirando con recelo a todos los seres humanos con aspecto de “moros”, temiendo que todos ellos sean potenciales terroristas. Que no es así, que son muy pocos. Que si realmente fueran muchos podrían tenernos realmente acojonados. Ya hemos visto lo sencillo que resulta pasearse por ahí con maletas llenas de explosivos, y con Kalasnikovs que se pueden comprar a precio de saldo por Internet. Es que si realmente tuvieran el potencial humano para hacer daño, lo harían y mucho, porque podrían poner bombas en cualquier sitio todos los días, o abrir fuego indiscriminadamente cuando les viniera en gana. Y eso no está sucediendo. Son muy pocos, terriblemente dementes, pero poquitos.

Y ese es lo paradójico del asunto, que sólo unos pocos han conseguido que, por un lado las libertades de los europeos digamos “oriundos” están siendo limitadas día tras día, y por otro, que los que han venido de fuera con las mejores intenciones de intentar tener aquí una vida mejor, se ven perseguidos y señalados como los malos de la película. Y ya para colmo, los que están a las puertas de Europa huyendo de las masacres en sus países, ya lo tienen casi imposible para que sus vidas tengan algo de futuro.

 

Son muy pocos, pero cuánto daño están haciendo a tantos. Pero... ¿son realmente ellos los únicos culpables de todo esto?

 

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