
Miedo a vivir
Mis padres lo hacían todo pensando en el mañana, pero el mañana nunca llegaba. Esta frase a la que le he hurtado las comillas porque me gustaría haberla escrito yo, la escribió Henry Miller en su Trópico de Capricornio. La recordé el otro día cuando un amigo, postrado en cama convaleciente de una rastrera enfermedad, me preguntó por mi madre y le comenté que a sus 92 años sigue más fuerte que Matusalén pero que no para de quejarse de todo, y éste me dijo sonriente “hay gente que tiene demasiado miedo a morir”.
Supongo que todos hemos tenido o tenemos un cierto respeto a ese momento que tarde o temprano nos llegará. Pero hay quien lo lleva mejor que otros. Mi amigo, que le ha visto las orejas a la parca con demasiada nitidez, está tan animado que parece que los que estamos realmente jodidos somos todos los demás que vamos a darle ánimos. Y no es una pose, el tipo es así, pragmático y realista, y vive su situación con una serenidad admirable. Yo al menos le admiro, y aprovecho esta tribuna para decirlo en voz alta. Las cosas de momento le van bien, su futuro tiene mejor pinta de la que tenía hace bien poco tiempo, y en ningún momento ha perdido las ganas de vivir el presente, sin preocuparse más de lo razonable por el mañana.
Y es que el miedo a morir, cuando se apodera de uno, se convierte en algo mucho peor: el miedo a vivir. Se intenta no correr demasiados riesgos, se dejan de hacer las cosas que puedan entrañar algún peligro, se mete uno en una burbuja de cristal asustado por todo lo que le rodea y se deja de vivir. Y entonces se entiende aquella frase que nos regaló E. Punset que leyó en una pintada del metro de Nueva York, “¿Hay vida antes de la muerte?”.
Así que aprovecho este momento del año en el que tenemos recargada la cesta de los buenos deseos, con mi deseo para todos en este 2014 de que ninguno tengamos miedo a vivir.
