Opiniones

José Luis Pueyo

Mujeres anónimas

El otro día la subcampeona del mundo de piragüismo me salvó de morir ahogado en el Ebro, a los pies del Pilar. No me dio tiempo a comprobar si la Pilarica se hubiera apiadado de un descreído como yo, la subcampeona fue más rápida. Desobediente a sus indicaciones, presa del deseo por aprender, aún me sumergí en sus aguas dos veces más, y mi heroína me volvió a sacar de sus turbias aguas en ambas ocasiones. Selma Palacín se llama mi salvadora. A decir verdad, creo que no me hubiera ahogado, supongo que el chaleco salvavidas que llevaba hubiera servido para algo, pero debo admitir que su habilidad y profesionalidad para sacarnos a flote en un visto y no visto a la piragua, al remo y a mi, fue para aplaudir.

Me apunté al curso de piragüismo que impartía esta mozica aragonesa por el tirón de popularidad que ha ganado este deporte tras las olimpiadas. Ahora ya todos conocemos a Maialen Chourraut (a pesar de que no nos quede más remedio a la mayoría que consultar Internet para recordar cómo demonios se escribe con exactitud su nombre). Pero estoy convencido de que casi nadie sabía que esta mujer existía antes de su triunfo olímpico. Yo admito que no sabía nada de ella. De igual manera que no sabía quién era esa tal Selma Palacín que me envió el correo electrónico confirmando que me habían cogido para el cursillo de piragüismo. Dos días antes de empezar el cursillo, acababa de ganar la medalla de plata en el campeonato del mundo celebrado en Alemania. ¿Quién se había enterado de la noticia más allá de familiares y amigos?

Cada vez me da más asco poner la televisión y encontrarme con los culebrones del fútbol. Ya no me queda claro si el bombardeo mediático está ahí porque existe un público dispuesto a ir a ese circo, o sí es todo lo contrario, que ese bombardeo permanente es el que está consiguiendo crear un público que finalmente alimenta los numerosos intereses creados alrededor de la pelotita de marras. Y esta invasión balompédica anula toda posibilidad de que se conozcan los deportes “minoritarios” y sus esforzados héroes. Porque estoy seguro de que conseguir una medalla de plata en un campeonato del mundo de piragüismo (o de cualquier deporte minoritario) lleva un esfuerzo detrás posiblemente más grande que el de los deportes profesionalizados, porque Selma, y las mujeres como ella, no se ganan el pan de cada día dando paladas. Me consta, porque nos lo explicaba ella cuando le preguntamos si al llegar el invierno se paraba la actividad piraguistica, que dá igual el frío o calor que haga, que las medallas sólo se pueden conseguir cuando estás en el agua todos los días del año sin importar si el sol abrasa tu cuerpo o si el Cierzo te deja clavado en el sitio. Y luego aparte ponte a trabajar para poder comer cada día.

Los deportes minoritarios no existen para casi nadie, ni se sabe el esfuerzo que hay detrás de ellos. Pero todavía existen menos cuando son mujeres las que los practican. Y es que los medios informativos ignoran a las mujeres incluso en los deportes de masas. ¿Qué sabemos de la liga de fútbol femenino? ¿Alguien podría dar un solo nombre de una jugadora de primera división? ¿Y de baloncesto? En fin, es así de triste, las mujeres siguen siendo seres anónimos en nuestro país en muchísimas facetas del devenir diario. Y desde luego, o se lo curran ellas, o nadie las va a ayudar. Pero lo están haciendo, y me alegro muchísimo por ello. Hay veces que casi se me saltan las lagrimas cuando estoy metido en el mogollón de salida de una carrera de atletismo (eso que ahora todo dios llama “ranin”, no sé por qué), y hay veces que ves ahí con sus zapatillas de correr a casi tantas mujeres como hombres. ¡Ahí sus ovarios!

Mi admiración, pues, a todas las mujeres anónimas que obviando la realidad machista que las rodea, dan todo lo mejor de si mismas. Mi admiración incluso aunque no ganen ninguna medalla.  

 

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