Opiniones

José Luis Pueyo

Involución

Escuchaba anoche una entrevista a Zaida Cantera, la militar que sufrió acoso sexual, y lo que allí se contaba me ha llevado a pensar tanto en la institución militar en particular, como en la sociedad occidental en general.

Ya le hemos metido un buen bocado al siglo XXI, y parece que los avances tecnológicos que vivimos se deberían haber producido en dos o tres siglos y no en dos o tres décadas. El progreso es tan brutal en ese aspecto, que se podría deducir que la sociedad debería haber evolucionado en la misma medida. Pero no solo no es así, sino que en realidad se producido una involución con la misma rapidez como la tecnología ha avanzado.

Pensando en el caso de Zaida y dejando a un lado lo penoso de su historia vivida, ella alababa las “virtudes” de la institución militar y sólo se lamentaba de las encorsetadas leyes internas que la rigen. Pero en mi opinión, dar por sentado que ser militar es un oficio como otro cualquiera, es una banalización bastante inquietante. Es decir, el mundo occidental (sobre el que inexcusablemente recae la responsabilidad de crear un mundo mejor), en lugar de ir sentando las bases para que las instituciones militares se hagan innecesarias (con el enooooorme gasto que suponen para las arcas de los estados, y por tanto con las inevitabes y sustanciales mermas que eso provoca en otras partidas presupuestarias realmente importantes, como la salud y la educación), lo que hacen los estados es validar esta institución sin cuestionarse en ningún momento si sería posible cambiar el curso de la historia.

Y es que no sería tan difícil porque todo va unido. Con toda la tecnología a disposición del ser humano en la actualidad y con toda la riqueza acumulada en manos de unos pocos, si se empleara con sabiduría por parte de los distintos gobiernos occidentales sería posible erradicar en muy poquitos años el hambre en el mundo, las diferencias sociales, las muertes por enfermedades que aquí ya fueron erradicadas hace tiempo…  y todo esto traería como efecto inmediato que se acabaría de golpe con el “problema” de la inmigración: ¿qué necesidad tendría nadie de emigrar, si en el lugar donde has nacido tienes todo lo necesario para vivir digamente? Nadie emigraría. Sólo habría turistas, es decir movimiento de la riqueza.

Entonces lo que me sorprende es escuchar a los que se acojonan porque hay unos cuantos a los que se les acusa de querer destruir el sistema. ¿Destruir qué sistema? ¿El sistema que sólo es capaz de generar más desigualdades, y más pobreza? ¿El sistema que está creando una sociedad de esclavos en el mundo occidental y que condena a muerte (a la muerte real) a los que no pertenecen a occidente? ¿El sistema que ha generado esta involución tan brutal? Pues oye, no veo dónde está el problema en destruir este sistema e intentar crear uno más justo que permita que el mundo evolucione. Ojalá entre estos “radicales anti-sistema” haya unos cuantos con ideas brillantes y ojalá tengan el poder suficiente para poder llevarlas a cabo. Quizá se equivoquen, todo puede ser, pero lo que está claro es que siguiendo por la senda que vamos, el precipicio es nuestro único horizonte.

 

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