
Batucadas
Me he pegado todo el invierno escuchando batucadas los fines de semana. Allá a lo lejos, los roncos sonidos de tambores tribales amenizaban las mañanas de los domingos. Ritmos sincopados y alegres que me recordaban a mis vacaciones pasadas hace unos pocos años en el Pelourinho, el casco viejo de Salvador de Bahía, en Brasil. Y hace un rato, escuchando el programa Discópolis de Radio 3, han sonado de nuevo esos tambores. Por un momento he pensado que eran los mismos que me han acompañado este invierno, pero no, eran de otro lugar, concretamente de Teruel, de una de las cofradías de la semana santa de Teruel.
Realmente, los tambores que sonaban los pasados meses, pertenecían también a cofradías de semana santa, en este caso de Zaragoza. Yo, Alcañizano como soy, estoy acostumbrado a ese monótono toque que se repite incesantemente durante las dos horas que dura la procesión. No hace tanto tiempo que eran dos toques los que se alternaban duante la procesión. Y me contaba mi padre que tiempo atrás había algunos toques más que ya se han ido olvidando. En cualquier caso, son toques que son fácilmente indentificables con el idea que quiere transmitir la procesión, el duelo por la muerte de Cristo.
Aunque yo no me identifico con ninguna creencia, ni las de mis paisanos ni las de otros remotos lugares, entiendo que los que pretenden perpetuar una tradición deberían tener claro el significado de lo que están representando. Y escuchando los tambores de Zaragoza, o los que he escuchado hace un rato de Teruel, a mi me entran ganas de bailar y dar saltos. Que oye, que a mi las batucadas me encantan, y de hecho en Salvador estuve tocando con un “bloco” (uno de los grupos que tocan batucadas en los carnavales). Pero no acabo de verlo en una procesión de semana santa, la verdad. Pero bueno, eso es cosa de los creyentes, ellos verán de qué manera quieren vivir sus supersticiones.
