
Viajeros
Eric se fue de casa a los 16 años. Que tu padre natural abandone el hogar antes de que ni siquiera tengas tiempo a conocerle, marca tu infancia. Que tu padrastro se emborrache todos los días y que una noche deje una escopeta de caza sobre la mesa y te diga, “mira niño, mañana por la mañana estarás muerto...”, eso puede marcar el resto de tu vida.
Pero Eric sobrevivió a todo eso. A los 22 años ya había construido dos casas con sus propias manos en la República Dominicana. En su Francia natal no había tenido tiempo de aprender nada que le pudiera servir para desenvolverse profesionalmente. Pero la escuela de vida te enseña rápido, sobre todo cuando no te queda otra. Su vida, que la cuenta con la misma sencillez con la que uno explicaría que ayer se fue a renovar el DNI, llenaría cientos de páginas de literatura de la buena. Y aquí lo tengo en casa, viajando a sus 56 años como “workaway” (ante la duda, Google), con el único horizonte de, simplemente, ser feliz.
Daniel y Antonia (pronunciados con acento alemán, pues de allí son), se pasaron también por casa el jueves. Llegaron en tandem, rogando un par de horas antes una “ducha caliente” (así es como se llama la página web para los ciclistas aventureros, “warm-shower”). Y además de la reconfortante ducha, les ofrecí el sofá (ya que Eric ocupa la única habitación disponible) y una buena cena con productos de la huerta, que agradecieron sobremanera. Estaban de paseo por España preparándose para irse a Indonesia en tandem... Un año entero piensan echarle a la aventura. Tan solo tienen 30 años, pero la vida de Antonia ya daría para otros tantos folios como los de Eric.
El sábado por la noche dos polacos de “couchsurfing” (Google otra vez...) pidieron quedarse también en mi sofá. Me pilló ya de cervezas por ahí con Eric, pero aún así les dije que sí. La tecnología falló finalmente, y su batería gastada en el móvil les impidió llegar a encontrarnos. Tenían pinta de contarnos muchas cosas interesantes. Una lástima.
Y hoy acaba de llegar Galya, rusa, ornitóloga ella, también de “workaway”. Coincidió que así como se fueron los alemanes, Galya pidió adelantar su venida que estaba prevista para fin de mes. Entre Eric y yo vimos que en dos días podíamos preparar una habitación que estaba desvencijada, y sí, aquí tenemos ya a Galya. Todavía no sabemos si su vida da para muchos folios, ha llegado cansada y se ha llevado esa información a la cama...
Pienso en todo esto ahora, y me siento como un espectador privilegiado del espectáculo de la vida. Actores anónimos de este gran escenario que es la tierra, que no se conforman con llevar la vida programada para todos. Han decidido ser ellos los que elijan dónde poner cada pie después del otro. Y yo les escucho, les pregunto, sonrío y les aplaudo. Y voy tomando notas mentales para meterlas en la mochila, por si un día me vuelve a entrar el gusanillo del viajero, y desaparezco por un tiempo rumbo a ninguna parte...
