
Hábitos
Estaba leyendo un manual sobre economía (entre incendiario y caustico) que me ha pasado un amigo (apuntar que aunque me lo había enviado en “pdf”, me lo he impreso en papel), y en uno de sus párrafos recomendaba a los lectores que prestáramos atención a nuestros hábitos, que intentáramos ser conscientes de cómo habían ido cambiando con el paso del tiempo, y cómo el entorno que nos rodea los ha ido modificando. Entonces fui a pasar página y me vi sorprendido a mi mismo arrastrando mi dedo por el papel como si de una tablet o un libro electrónico se tratara...
Ha habido otras ocasiones en las que me he mojado el dedo para pasar la página de mi tablet...
Los hábitos viejos y los nuevos se van fundiendo como en las transiciones de una presentación de “powerpoint”, hasta que un día nos damos cuenta de que los viejos ya sólo forman parte de los recuerdos. Hubo un tiempo en el que en este país pensábamos que siempre seguiríamos pensando en Pesetas a pesar de que el Euro apuntaba a que había llegado para quedarse. Ahora, a la mayoría de nosotros nos resulta absurdo pensar en Pesetas, y tampoco le vemos ninguna utilidad. No nos ha costado mucho cambiar.
Si nos ponemos a pensar en el listado de viejos hábitos que han dejado de serlo dando paso a otros nuevos, el número de hojas de este escrito lo haría tan “pesado” en términos informáticos (además de en el aspecto literario), que igual los de Gmail no me dejaban enviarlo... Pero todavía quedan ciertos hábitos que quizá nunca nos abandonen. Como el que estoy siguiendo ahora mismo. Ahí fuera hace un frío bastante desagradable, la niebla lo ha cubierto todo amenazando con no dejarnos ver el sol en bastantes días. Así que he decidido refugiarme en casa, y prepararme un chocolate calentito de los de verdad, bien espesito (de esos que sólo sabemos hacer en este país), y para no andarme con tonterías, lo he aderezado con una docena de churros recién hechos... Y aquí estoy, pringando el teclado de grasa y relamiéndome los chorretones de chocolate que me van cayendo por la barbilla, mientras me pregunto si es inteligente que perdamos algunos viejos hábitos...
