Opiniones

José Luis Pueyo

Pactos

No puedo negar que me desagrada bastante que Rajoy y su equipo sigan al frente de este país. Pero también debo admitir que me alegra que lo haga de la manera en la que lo van a afrontar. Gobernar en minoría es una novedad que sólo puede llevar por dos caminos: la disolución en cosa de un año del nuevo parlamento ante la imposibilidad de aprobar ninguna ley, o el amanecer de un nuevo país en el que la gente que nunca se ha podido entender, representada en los que han salido de las urnas, se pone de acuerdo en algo más que en animar a la selección española, y acepta que se puede construir un país regido por unas leyes consensuadas por todos. Por eso me alegra lo que va a suceder este fin de semana. Aunque también debo decir que siempre he sido un tanto iluso.

Lo que sospecho es que lamentablemente se seguirá por el primer camino, el del empecinamiento cerril por todas las partes en defender unos “principios” que resultan innegociables. A ver, que si no nos queda más remedio que vivir en familia, por mucho que no nos guste nuestro cuñado, hay que llegar a unos mínimos que permitan la convivencia. Y yo ya estoy cansado de escuchar esa memez de “nuestros votantes nos han dicho que...”. Querido parlamentario, la mayoría de tus votantes no te han dicho nada de lo que estás diciendo que han dicho; se han limitado a meter una papeleta en una urna con las siglas de tu partido, pero en esa papeleta no había ningún mensaje escrito, sino habría sido un voto nulo...

En este país, los ciudadanos que sólo somos votantes hemos aprendido a convivir medianamente bien entre nosotros, aunque mantengamos diferencias ideológicas a veces bastante grandes. En nuestros trabajos hay compañeros con los que no nos iríamos a tomar ni una cerveza (al igual que ellos no se irían con nosotros) pero eso no impide poder trabajar juntos como un equipo; y hasta incluso en el entorno familiar surgen bastantes “roces” si nos ponemos a hablar de política. Por eso en días como Nochebuena y similares, hay temas de los que tácitamente se acuerda no hablar. Y todo está en orden, el buen rollo impera, y se pueden echar unas buenas risas con el cuñao que...

No quiero cometer el mismo error de ponerme a hablar ahora en nombre de otros, pero tengo la sensación de que en este país ya tenemos casi todos ganas de que los que hemos elegido para que ocupen los escaños hagan lo que hacemos los del pueblo llano, ponerse de acuerdo en las cosas básicas para todos podamos vivir medianamente a gusto.

 

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