
Los hijos pijos
Cuando miro hacia Cataluña o hacia el País Vasco, la única imagen que me viene a la cabeza es la del hijo pijo. Un niño consentido al que sus padres le dan todos los vicios y que un día se cabrea porque su papá se ha llevado el BMW el fin de semana y el pobre nene tiene que coger el Toyota para irse a tomar los lingotazos a la Studio54 con sus amigotes.
La "Diada" del otro día nos muestra que los niños pijos catalanes piensan seguir con su pataleta per saecula saeculorum hasta que papá Estado tenga a bien acceder a su capricho. ¿Cuántos años llevamos ya con esta historia? Las hemerotecas nos muestran la inconcebible cantidad de tiempo que se ha perdido miserablemente. Y viendo cómo están las cosas, el que se va a seguir perdiendo... ¿Por qué diablos no se les concede la independencia de una vez y así se acaba el problema y nos dedicamos a sacar lo que quede de país adelante?
No soy nada nacionalista. Es más, me repatea bastante cualquier nacionalismo, me da igual que lo abandere un catalán, un vasco, o un español. O de cualquier otro lugar. Pero no tengo ningún inconveniente en decir que soy español cuando salgo a pasear por el mundo. Es más, me encanta encontrarme paisanos en mis viajes. El alivio de poder hablar el mismo idioma y los muchos lazos culturales que nos unen, convierten esos encuentros casuales en una fiesta. Pero lo que me resulta absolutamente absurdo es que haya gente que emplee toda su vida en perseguir algo tan ridículo como mover una frontera de sitio. Y otros que se empeñen cerrilmente en evitarlo. El único descargo para los catalanes, es que al menos no llegan a la vileza de los vascos radicales de asesinar para conseguirlo.
Oye, de verdad, que no pasa nada porque a España le falten esos dos pedazos de tierra, la vida podrá seguir sin ellos. Está claro que económicamente es una separación injusta para España, por mucho que ellos se empeñen en decir lo contrario, pero creo que merece la pena por la enorme paz que respiraríamos todos. Aunque la verdad es que sería más sensato aunar esfuerzos entre los distintos pueblos del estado para encontrar la forma de hacer frente al enemigo real de todos nosotros, que son los especuladores financieros y todos sus amiguitos en la clase política que nos están masacrando. A todos estos les importa un comino las banderas, no pierden el tiempo con tontadas, y así nos va.
Pero si se van, en el fondo me dan un poco de pena, ¿qué será de los catalanes sin poder vivir todos los años un Barça-Madrid en el que le dieran cera al equipo del gobierno opresor? En fin, igual sólo por eso, si hicieran un referéndum al estilo Quebec quizá no llegaban ni a un resultado tan apretado como el que allí se dio. Igual nos necesitan más de lo que se imaginan. Ya se sabe aquella frase de la transición, "contra Franco vivíamos mejor".
