Opiniones

José Luis Pueyo

Moscas

Tengo una teoría acerca de las moscas. El número de estos indeseables animalillos que pueden llenar una habitación es limitado, por muchas moscas que pueda haber en los alrededores; y si las vamos eliminando, poco a poco otras nuevas entrarán hasta alcanzar ese límite. En la habitación de casa en la que hago más la vida parece que el tope está en unas 30. Fuera puede haber millones esperando, pero ningún día he visto más de 30 a mi alrededor. Por suerte, mi destreza con la pala matamoscas (uno de los mejores inventos de la humanidad) supera a la capacidad de ellas para volver a entrar, así que una vez eliminadas todas dispongo de un buen rato de tranquilidad. Y teniendo la pala a mano y dándoles candela a medida que van entrando, la tarea se hace llevadera. Pero al menor descuido ya tendremos la habitación llena de nuevo. Es agotador.

Esta teoría encaja con una que le escuché hace un tiempo a un psicoanalista. El afirmaba que en los grupos sociales (clubs, asociaciones, etc...) siempre se establece un equilibrio entre las personas que lo forman, de manera que a poco grande que sea el grupo, en el te vas a encontrar un poco de todo: el tímido que nunca abre la boca, el que le gusta llevar la contraria y sacar punta a todo, el que adopta el rol de líder, el modelo “abeja obrera” que colabora con todo lo que pueda pedir el líder sin cuestionar nada, y así una larga variedad de tipologías humanas. El psicoanalista, que era bastante explícito al hablar, y hasta tosco si se lo proponía, ponía el siguiente ejemplo: si en un grupo limpias la mierda, tarde o temprano otro del grupo se convertirá en mierda.

Y yo me preguntaba si la teoría era valida para cualquier país, por ejemplo, si valía para España lo mismo que valía para Noruega. Porque aquí hay, por ejemplo, una cantidad de “chorizos” que, por lo que cuentan, no se ven en Noruega (u otros lugares similares). Pero la respuesta era obvia: los tipos de personas integrantes de los grupos, dependen del lugar del que estemos hablando. Es decir, si en Noruega no habitan chorizos sin escrúpulos, esa tipología no se dará en sus grupos humanos. Allí quizá tendrán otros individuos problemáticos de los que aquí no padecemos.

Por lo tanto, y atendiendo a las teorías, en este país no tenemos solución. Podremos eliminar a todos los chorizos, políticos indeseables, corruptos y toda la mierda que salga a nuestro paso, pero más pronto que tarde, otros miserables ocuparán sus lugares, las moscas volverán a llenar la habitación y lo único que podrá suceder es que hartos de todo, impotentes, le peguemos fuego a la pala matamoscas.

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