Opiniones

José Luis Pueyo

Quijotes

La semana pasada estuve en Holanda. Bueno, allí me dijeron que es incorrecto llamarla así, que Holanda es sólo una parte del país, pero bueno, lo digo así para entendernos aquí. Estuve en una reunión en la que participaba mi Instituto de Educación y otros 10 de varios países (Holanda, Alemania, Italia, Francia, Bélgica, Reino Unido, Noruega...) para intentar poner en marcha uno de esos proyectos europeos entre varias escuelas. Allí estuvimos reunidos unos días recabando información de cómo se trabajaba en unos sitios y en otros, mientras intentábamos ponernos de acuerdo a ver cómo era posible hacer algo todos juntos que fuera provechoso para nuestros alumnos.

El caso es que tras volver de allí, estos dos últimos días he particpado en unas jornadas de trabajo en Zaragoza por un asunto relacionado con el anterior, pero esta vez sólo nos juntábamos institutos de España. Concretamente era para aprender cómo se gestiona el proceso de intentar meter alumnos de los ciclos superiores a hacer las prácticas en empresas extranjeras. Para los que aman los datos y cifras o los que sepan o quieran saber de lo que hablo, trataba sobre el Erasmus+, acción KA1-KA103.

Datos aparte, lo que me resultó interesante fue contrastar lo que he vivido en estas dos jornadas con mis compañeros de profesión de mi país, con la impresión que me traje de Holanda. Y la conclusión es muy simple: en este país seguimos siendo unos quijotes. Mientras en otros países cuentan con bastantes más medios financieros que nosotros y muchos más medios humanos, aquí somos capaces de meternos en empresas que cuando te paras a pensarlo despacio se antojan imposibles, y que están basadas prácticamente en la voluntariedad de unos cuantos entusiastas que no van a recibir a cambio ninguna compensación más allá de una miserable hora de reducción semanal en la jornada laboral, y que en muchos casos se llevarán despiadadas críticas si la empresa no ha salido adelante como se deseaba.

El gremio de los profesores se ve muy denostado habitualmente por culpa de esos pocos lamentables especímenes que resaltan más que los cientos a su alrededor que hacen bien las cosas. Pero la realidad es que es un gremio lleno de quijotes soñadores que se suben a lomos de su escuálido Rocinante en la inconsciencia de que los brazos de esos gigantes les van a arrojar de su montura una y otra vez. Pero allí siguen, inasequibles al desaliento. Y que así siga sucediendo.


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