
Club Ibón
Este fin de semana he estado en un “stage” de orientación. Dejando a un lado la tontada de usar “palabros” ingleses para definir cosas para las que nuestro idioma se basta y sobra, mi experiencia en estas jornadas sobre orientación ha sido realmente enriquecedora, no sólo por todo lo que he aprendido a la hora de coger un mapa topográfico y ser capaz de interpretarlo para encontrar las balizas que han escondido entre los matorrales (hermoso deporte), sino además por el hecho de darme cuenta de la generosidad que hay detrás de este tipo de asociaciones. Gente anónima que dedica su tiempo libre para preparar actividades que van a resultar beneficiosas y a hacer felices a otras personas.
Hablar del Club Ibón de Orientación no es más que la excusa para acordarme de todas las asociaciones que gestionan todo tipo de actividades, repletas de personas generosas que durante años y años dedican incansables su tiempo libre para que otros puedan disfrutar de las actividades que esa asociación genera. Supongo que la mayoría de nosotros, en algún momento de nuestra vida hemos dedicado un cierto tiempo de nuestra existencia a colaborar en este tipo de situaciones. Pero lo que realmente me hace emocionarme es el comprobar como hay unos cuantos seres humanos que siempre están ahí, que su nombre, su rostro, va indeleblemente unido al de la asociación en la que siempre han estado trabajando.
Como decía Bertold Bretch en sus versos sobradamente conocidos “Hay hombres que luchan un día y son buenos, hay (…) y hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”. A todas esas personas, hombres y mujeres, que siempre están ahí regalando su tiempo en las asociaciones para que los demás podamos tener un poco más de felicidad en nuestro día a día, mi más sincero agradecimiento y admiración.
