
Fidel
Ha muerto un dictador.
Hace unos 10 años estuve paseando por Cuba. Viví con una familia Cubana (eran amigos de una amigo mío de España), estuve pateándome La Habana, Cienfuegos, Viñales, Trinidad,... viendo muy de cerca cómo se vive bajo una dictadura.
En esa casa, con esa familia, pude aprender cómo tres generaciones compartían la misma realidad con una visión muy distinta. Los abuelos adoraban a Fidel. Pipo, el abuelo, había estado en la bahía de Cochinos durante el desembarco norteamericano en abril del 61. Mima, la abuela, sonreía mientras su esposo nos contaba orgulloso las “batallitas” vividas hace tantos años. Tinso y María, sus hijos, se debatían en un “sí, pero...”, alabando unas veces, y criticando otras tantas al dictador. Y luego tenemos a Darlin, Chochi, Yasmira y Javier, los nietos de la casa. Estos, unánimemente y sin fisuras ideológicas, odiaban a Fidel. Para Pipo, aunque los adoraba, eran unos “gusanos” (apelativo despectivo hacia los anti-castristas).
Comprendí entonces, que el pasado vivido por cada cual marcaba inevitablemente la visión que tenían de una misma realidad. Los abuelos había sufrido otra dictadura antes de la de Fidel, la de Batista, y el triunfo de la revolución supuso para ellos la liberación del pueblo cubano. Sus hijos nacieron y crecieron en los años buenos, cuando las ayudas de la URSS permitían llevar una vida bastante más que digna. Pero pronto les pilló la caída del muro, y el aislamiento total de la isla, que les llevó poco a poco a una situación miserable. Los nietos, por su parte, cuando empezaron a tener uso de razón, vieron como estaban metidos de lleno en esa realidad miserable.
Juzgar a unos u otros me hubiera parecido una falta de respeto. Pero sí que me fui de allí con el sentimiento de lo importante que es la libertad cuando no la tienes. Una dictadura es una dictadura, aunque esté maquillada de color rojo. Pensé que de haberme tocado vivir en Cuba, yo también hubiera sido un gusano.
Pero también pensé e intenté imaginar cómo hubiera sido la realidad de la isla de no haber sufrido el brutal aislamiento ejecutado por los EEUU. Los guardianes del mundo capitalista acorralaron a este pequeño reducto del Caribe, y David, sin el amigo soviético, se vio incapaz de enfrentarse al poderoso Goliat; ni siquiera contaban con una humilde honda... El capitalismo se encargó de ahogar y enterrar uno de los últimos intentos de hacer funcionar el comunismo.
Y ahora toca esperar a ver cuánto tiempo pasa antes de que el huracán capitalista arrase definitivamente la isla. Fidel podía haber sido más listo en su momento y haber diseñado algún tipo de transición hacia un sistema que preservara los logros socialistas y que permitiera la entrada “suave” del capitalismo. Pero su arrogancia no le permitía eso. Patria, socialismo o muerte. Y mató al pueblo cubano. Esta pobre gente lleva un montón de años sobreviviendo gracias a las ayudas de los que consiguieron emigrar, y todo ese sacrificio no ha servido para nada. Malos ingredientes para este cubata, el país más déspota de la tierra, y un dictador arrogante.
