Me contaba el otro día un amigo lo que había vivido con la que ya ha pasado a ser su ex-pareja. Me sorprendió bastante, porque no hacía tanto que lo había visto y me habló maravillas de su relación con aquella hermosa, dulce, cariñosa, generosa y apasionada mujer. Todo eran palabras de alabanza aquella vez, y sus ojos le brillaban de emoción contándome la increíble dicha que vivía. Me llegó a decir que aunque le pareciese un cursi pasteloso, había encontrado realmente a su media naranja, y que ella, Carlota, sentía exactamente lo mismo. Era como un cuento de hadas. Y además sentían que eran los mejores amigos del mundo, siempre pendientes el uno del otro. Todo era perfecto y ya se afinaban los clarines para anunciar un próximo bodorrio por todo lo alto.
Pero el otro día sus ojos ya no brillaban. Me hablaba cabizbajo, a media voz, dejando salir poco a poco las palabras como avergonzado. Todo se había ido al garete. Le pregunté ansioso, “¿pero qué os pasó?, si erais tan felices, era tu media naranja, ¿no?”. Dio un suspiro, y con la mirada perdida empezó a hablar. “Sabes, lo más terrible es que no entiendo cómo ha podido suceder esto. Todo empezó cuando el otro día, mientras tomábamos unas cervezas en una terraza, se sentó en la mesa de enfrente una moza con una minifalda de escándalo y que era un auténtico bombón. Evidentemente no pude evitar mirarla, y mientras hablaba con Carlota se me volvió a ir la mirada varias veces… Y ahí empezó todo. Comenzó a alterarse, a levantar la voz y nos tuvimos que marchar de allí. Seguimos discutiendo por el camino, y todo se calentaba cada vez más. –Leches, la miraba porque estaba buena. –¿y yo no estoy buena, o qué? – Sí, claro que lo estás, te lo digo a todas horas, ¿pero qué hay de malo en que la mire a ella? – ¡Pero si la estabas radiografiando, desgraciado! ¿Vas a hacer eso con todas las tías que estén buenas? –No sé, no pienso que sea tan grave... –Ah, ¿encima te da igual, mamonazo?... Bueno, el caso de ahí pasamos a los reproches, me empezó a echar en cara un montón de cosas de los últimos meses que yo ya ni recordaba, y luego ya llegamos a los insultos. Todo acabó cuando me empezó a golpear en el pecho como si estuviera poseída y se marchó corriendo llorando. Los siguientes días estuvimos enriqueciendo a los de la compañía del móvil, pero a cada conversación aún se estropeaba más todo, si es que eso era posible. Ahora ya no hay vuelta atrás. Lo último que me dijo fue que yo era la persona más rastrera y miserable del mundo, y que lamentaba cada uno de los segundos que había pasado conmigo. “Pero, ¿y la amistad? ¿dónde ha quedado la bonita amistad que teníais?”, le pregunté. “¿Amistad? Mira tío, escúchame, cuando hay amor, no hay amistad, el amor lo jode todo, ¿lo entiendes? El amor y la amistad son como el aceite y el agua, porque el amor en el fondo es puro egoísmo. Cuando el amor está “en orden”, vives en una nube, pero como se te ocurra cometer un error, el amor hace aflorar los peores sentimientos. ¿Amistad?, ¡ja! Los amigos de verdad nunca se van a tratar como se tratan los enamorados, ¡nunca! El amor…
Mi amigo aún siguió hablando un rato, bastante alterado, pero yo ya no le escuchaba. Me iba diciendo a mi mismo, “ah, así que este es el amor ese de los cuentos de hadas, vaya, vaya…”. Y pensaba en un colega del trabajo que se casa el mes que viene ¡Estaba tan emocionado cuando me enseñaba la foto de su “princesa”! Pobre…
