Paseaba por entre la multitud motera del otro día, y como había tenido el día un poco cruzado, me salió la vena “porculizante”. Me acerqué a uno de los puestos de camisetas, y me fijé en unas que anunciaban una bebida energética. Marcaban 20 euros. (Hay que hacer notar que por los precios de la mayoría de las prendas, parecía que los moteros no tienen problemas con la crisis). Bueno, el caso es que llamé al vendedor y le dije que quería una de esas camisetas. Me la dio y me quedé mirándole sonriendo, esperando. El se quedó un poco parado y enseguida me dijo, “son 20 euros”. Y yo, sin dejar de sonreír, le dije, “vale”, y extendí la mano con la palma hacia arriba en clara muestra de que era yo el que estaba esperando algo. Pasados unos segundos de desconcierto en su rostro, le dije “sí, dame los 20 euros, me parece bien hacerles propaganda a estos de la bebida si me pagan eso”. Era el principio de la noche y el tipo estaba todavía de buen ánimo, así que aceptó de buen grado que yo quisiera tomarle el pelo un poco, y se echó a reír. Estuvimos charlando unos minutos, y me largué. Sin camiseta, claro.
Resulta curioso (a mi al menos me lo parece) que la gente pague alegremente para hacer propaganda de marcas comerciales. El caso de las camisetas de los equipos de fútbol es especialmente llamativo, dados los escandalosos precios que se pagan por esas camisetas. Y además los compradores se sienten tan felices al saber que han adquirido por 80 irrisorios euros la camiseta “oficial” de su equipo favorito… En fin, que igual es que estoy volviendo más raro cada vez. Quizás sean los genes.
