
Instituciones de quita y pon
Vivimos unos momentos en el que todas las instituciones supramunicipales se encuentran en tela de juicio o, al menos, tremendamente discutidas en cuanto a su labor, tareas y estructuras. Principalmente por los partidos políticos de nueva creación que discrepan profundamente con su existencia.
Si me lo permiten, no les voy a dar ningún consejo porque no soy quien, pero sí que me gustaría expresar mis reflexiones sobre ese punto programático que defienden las nuevas formaciones. Estos señores, que se erigen como paladines de la renovación, regeneración y otros términos similares que les gusta emplear, no han salido de sus despachos de una gran ciudad donde tienen alojado el sillón en el que adoptan sus decisiones.
Apenas se han movido, por mucho que lo nieguen, por la mayoría de las provincias con baja población y muy diversa (entre ellas nuestra querida Teruel). No han podido ver la dificultad que existe en el medio rural para prestar los mismos servicios básicos que en grandes capitales de Cataluña, Madrid o Andalucía, por citar algunos casos. Servicios que posiblemente los tengan masificados por exceso de población y cuyo coste es mucho más reducido que en pequeñas poblaciones dispersas en un gran territorio, como ocurre aquí.
En el caso concreto de Teruel, esos servicios son prestados por instituciones intermedias que ahora se están poniendo en tela de juicio porque, repito rotundamente, se tiene un profundo desconocimiento de la realidad que se vive en los pequeños pueblos, alejados de las grandes ciudades del país. Un ciudadano de la calle Mayor de Salcedillo tiene los mismos derechos que otro que vive en el Paseo de la Castellana de Madrid o en la Diagonal de Barcelona.
Como ciudadano del medio rural que soy, y a mucha honra, me gustaría explicarles que la falta de servicios o la dificultad para acceder a ellos en los pueblos se complementa con la paz y la calidad de vida que disponemos. Por todo ello, tengo que expresar mi más enérgica repulsa a aquellos que piensan que la vida termina al final del barrio, que la naturaleza son los parques utilizados como ellos consideran y que pretenden enseñarlos lo divino y bucólico de la vida en la ciudad (lugar donde se encuentran sus principales regueros de votos).
Nosotros en los pueblos reivindicamos nuestro derecho a seguir existiendo y a seguir estando acompañados, amparados y ayudados por las instituciones como los ayuntamientos, comarcas y diputaciones, sin las cuales nuestro día a día sería mucho más complicado y casi utópico.
