Opiniones

Juan Carlos Bosque

Las nuevas zonas de paseo de Alcañiz

Afirmaba el alcalde de Alcañiz, preguntado acerca de los cortes de las calles Pruneda y Espejo a la circulación durante el presente verano, que era para fomentar los paseos por el centro, la actividad comercial y el turismo.  Y allí he ido yo, a comprobar si la calle Espejo, a la que nuestro primer edil se refería, era la misma que yo atravesaba corriendo, compitiendo junto a algunos compañeros de clase, con meta en la fuente de la plaza Mendizábal, cuando estudiaba en Escolapios, en la segunda mitad del siglo pasado.  Bien poco ha cambiado dicha zona urbana desde entonces; podríamos asegurar que está exactamente igual, acaso 40 años más envejecida.

Cierro los ojos, me sitúo en la entrada de la citada calle e intento imaginar a los turistas  visitando sus comercios, durante los próximos meses, como parece pretender nuestro alcalde y su singular manera de entender la peatonalización de Alcañiz.

– “Mira cariño, vamos a comprar ese bolso de Guzzi, entramos al museo etnológico y nos sentamos en la tetería que se ve al fondo”.   Susurró la rubia de pelo enmarañado, ceñida en un pantalón corto tan pequeño que apenas dejaba circular la sangre por sus venas, mientras los dedos de su mano derecha recorrían la espalda de su compañero, entreteniéndose en los bordados de la camisa, que formaban la palabra Honda.

-“¡Dios, qué fachadas!  ¿No te recuerdan al callejón de oro de Praga?  Mira las flores, cómo cuelgan de los balcones, de los aleros y de los alféizares.  Se confunden con el verde de tus ojos y el rosado de tus labios” respondió su apuesto acompañante.

Y siguieron andando, casi con las piernas entrelazadas, sorteando a una multitud de “guiris” y a un grupo de personas mayores, que atentamente escuchaban las explicaciones de un guía de turismo acerca de las impresionantes gárgolas medievales que irrumpían en el cielo de la calle Espejo, recortando las siluetas de los tejados.  Comenzaba a atardecer y los leds del suelo, que flasheaban las piernas de los viandantes, el aroma de las flores y el colorido de las fachadas, las farolas majestuosas, los escaparates de los comercios, las terrazas de mobiliario exquisito, la luz anaranjada de la puesta de sol y el suave murmullo del gentío que llenaba la  calle, dándole un aire cosmopolita, hicieron pensar a la pareja que se encontraba en uno de los lugares más bellos que hubiesen conocido.

El pitido de un coche me hace abrir los ojos y me devuelve a la realidad, que casi siempre, es bastante más  sosa que los sueños.

Para que las casas tengan flores, son sus vecinos quienes tienen que plantarlas, regarlas y cuidarlas.  Para que las fachadas estén limpias son los propietarios quienes deben pintarlas, evitando que el paso del tiempo las deteriore y para que existan comercios atractivos, son los emprendedores quienes deben hacerlos viables.  Por eso, un proceso de peatonalización de una ciudad es un proceso de participación ciudadana y de acción política conjunta que dura años, e incluso, varios mandatos corporativos.  No nos engañemos.  Alcañiz no lleva dos años diseñando ningún plan de peatonalización.  Desgraciadamente, el contador sigue estando a cero, por mucho que algunas calles estén cortadas al tráfico, ocasionalmente, no sabemos exactamente cuándo, a qué horas o para qué.

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