Andaba yo esta mañana en plan sabatino (que no sabático, ya me gustaría) taconeando, subiendo y bajando escaleras, entrando y saliendo de alcobas con escoba, paño y plumero en ristre, a la par que ponía lavadoras y tendía coladas al sol mañanero, mientras escuchaba un programa de tertulia en la radio (eso me ayuda a crearme la falsa sensación de que así aprovecho mi tiempo al máximo mientras por otra parte lo desaprovecho en los menesteres expresados). El magnífico humor con el que me he levantado de la cama, poco a poco ha ido transformándose en cabreo hasta llegar a hablar y casi, casi blasfemar a solas. Creo que el agotamiento físico que mi cuerpo comenzaba a acusar ha sido lo que principalmente ha contribuido a ello. En el dial, y como en verano cualquier cosa es noticiable (no será por falta de temas importantes y que nos afectan a todos), los tertulianos volvían a sacar el manido tema de hobbies y coleccionismos varios. Lo típico, unos coleccionaban sellos, otros introducían pacientemente diminutos barquitos en botellas de cristal, hasta había quien coleccionaba palillos de dientes, no han especificado si algunos estaban usados, aunque tal vez si alguno hubiera mondado los dientes de algún ilustre personaje quizás esto hubiera tenido su aquello. Al final, al presentador se le ha ocurrido preguntar si consideraban que el hábito del hobby y coleccionismo era practicado más por los hombres o por las mujeres. En ese instante, en que el coleccionismo que yo estaba practicando consistía en el tamaño de aerosoles, limpiacristales, pastillas antical y suavizantes de la ropa, y cuando la bolsa de papel de mi aspiradora estaba como mi cabeza a punto de estallar, antes de tirar toda la colección de útiles que conforman mi hobby sabatino por la ventana, he optado por apagar el aparato de radio sin darles la oportunidad a tan ilustres tertulianos de responder a esa difícil pregunta.
