Lola Llandrés

Cuando creía que los imbéciles del vandalismo habían acabado con prácticamente todo lo susceptible de ser destrozado, bancos, papeleras, esculturas, plantas, etc, descubro, ya sin ningún atisbo de asombro, que ahora se dedican a romper hasta las paredes; pues eso es lo que está ocurriendo en el parque Pui-Pinos de nuestra "Muy Leal y Heróica Ciudad". Como algunos sabrán, esto del insulto gratuito no me gusta mucho, pero al llamar imbéciles a esta suerte de Atilas, (pobre Atilano, si te levantaras del hoyo y vieras esto, permítanme esta rememoranza por léxico) no hago más que llamarles por su nombre, porque hará falta ser imbécil para dedicarse a arrancar de cuajo con el esfuerzo que ello debe suponerles, los grandes pedruscos de sillería que conforman el murete de los paseos del parque y esparcirlos por el medio del camino para estar acorde con el resto de la decoración. Esto no lo hace el agua y ni siquiera el alcohol.

Otros artículos de opinión