Opiniones

Lola Llandrés

Esta va de asesores

Dicen por ahí que tener una cohorte de asesores es imprescindible cuando se tiene un cargo político. Últimamente estamos viendo en los medios de comunicación que partidos de los que se esperaba algo más de ética de la que, según estos mismos decían, carecían los partidos que hasta ahora nos habían gestionado la cosa pública, están utilizando también esta coyuntura para, casualmente, y por estar preparados, dicen, ofrecer un cargo como asesor a sus amigos y familiares. Desde Madrid, Barcelona y pasando por Torrevieja,  ya se sabe, cuando uno empieza este café, los demás no se conforman con sucedáneos, café para todos y a pagar los tontos, como está "mandao" y "como toda la vida".

Cuando uno se mete en las listas de un partido político y acaba arriba, se supone que está preparado para lo que se mete y para saber hacer lo que ha prometido, o al menos debería ser así, salvo que su interés sea estar ahí por beneficio propio, ego subido, o intereses espúreos, por tanto sobra la idea de rodearse de asesores, para eso ya están los funcionarios de siempre que saben hacia dónde dirigir y gestionar con eficacia, pues es su trabajo, lo que el político les ordena. Y si uno es un inútil y necesita asesores es que no merece estar ocupando un puesto de gestión que cualquier otro más preparado podría hacer mejor.

Aquí no se trata de entrar como aprendiz y que te enseñen los asesores para acabar siendo profesional a fuerza de repetir la tabla de ejercicios que te dice el maestro, el oficial o el entrenador, pues durante el periodo de "aprendizaje" que suele durar cuatro años, el sueldo se lo llevan calentito y enterito y no como "chico en prácticas" o "becarios", tanto ellos mismos como sus parientes. La gestiones políticas y los problemas sociales y económicos hay que resolverlos sin demora pues no pueden esperar a que cada cuatro años el nuevo gestor nombrado se tenga que poner al día. Por tanto, la cantidad de asesores que necesita un político es inversamente proporcional a la capacidad gestora, efectiva,  práctica y de preparación del mismo.

Así pues, y como ciudadana que paga sus impuestos, me veo en la obligación de exigir a cambio de mi parte de desembolso,  que los políticos sepan gestionar con eficacia y nos ofrezcan calidad y no la mediocridad e incompetencia a la que nos tienen acostumbrados a pesar de esa cohorte de palaciegos y cortesanos que necesitan tener a su alrededor para conducirles el dedo hasta el botón que tienen que accionar sin equivocarse, y aún así, a veces, ni aciertan.


 

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