Opiniones

Lu Martín

Cuando me propusieron escribir tuve miedo.

Cuando me propusieron escribir tuve miedo. No pude evitar advertir de que probablemente mis palabras careciesen de cualquier aliento en este momento y se me contestó (todo a través de Facebook Messenger) de una manera inesperada: No son imprescindibles los alientos a los demás. Pueden servir los propios.

Es curioso, ahora leemos artículos de psicología e inteligencia emocional a través de las páginas que seguimos en las redes sociales, compartimos imágenes con frases en nuestro muro con las que nos sentimos identificados y, apenas a través de éstas, leemos los titulares de actualidad para consumirlos en pequeñas píldoras que no nos resulten indigestas. Yo misma evito ver los informativos en televisión para que no se me atragante la cena.

Consumimos información, interacción social y ocio a través de la misma vía. Trabajamos y nos promocionamos desde nuestra propia casa con un solo clic, quedamos con los amigos para asistir a los eventos de moda o nosotros mismos los creamos. La red social es un tubo de gastrostomía a través del cual es más fácil digerir cualquier cosa cuando no estamos obligados a percibir su amargura o acidez y aun a riesgo de perder la sensibilidad del paladar.

Opinamos sobre todo y creemos saber de todo desde nuestra sesgada percepción. Hemos decidido qué queremos conocer y consumir, cómo relacionarnos con nuestras amistades y qué compartir con ellas. Hemos elegido qué nivel de ignorancia frente a la realidad es la que queremos manejar.

Puede que leáis, compartáis, echéis un vistazo por encima o ignoréis lo que hoy he escrito llevándolo a la papelera de reciclaje de vuestro día. Puede que no. Escribiré y probaremos suerte de nuevo en un par de semanas.

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