Opiniones

Lu Martín

Sería bonito.

“Sería bonito que al menos hoy, sólo hoy, ninguna mujer fuera asesinada, maltratada, violada, vejada, humillada o machacada.

Sería bonito pero no sería este mundo... Que no cese la lucha y no os pueda callar nadie!!!”

Publicación de un contacto personal de Facebook (hombre) a 8 de marzo de 2016. Por desgracia seguimos necesitando un día para reivindicar los derechos de la mujer, campañas televisivas de concienciación , manifestaciones periódicas y una pancarta en San Vicente de Paúl (Zaragoza) que dice que a estas alturas de año son 17 las víctimas mortales de la violencia de género en nuestro país (57 la suma final de 2015).

Qué bonito que haya campañas, ¿no?; qué triste que las necesitemos. Se acusa a las mujeres de distintos movimientos como feminazis y creen innecesario todo tipo de propuestas o discriminaciones positivas, se hacen campañas posmachistas y se alteran los datos del número de denuncias falsas de violencia de género, 0,01%  según datos de la Fiscalía General del Estado.

Y parece un tema demasiado manido, tratado y estudiado… pero si se sigue necesitando una infraestructura (que resulta insuficiente) para tratar este tipo de casos, es que algo no estamos haciendo bien. Muchos de los condenados por estos casos carecen de antecedentes lo que provoca que reincidan ante unas medidas mínimas ante las que las víctimas no se sienten protegidas. Mujeres que en su mayoría han sufrido un largo proceso de desvalorización, han callado por vergüenza o se encuentran tan destrozadas y perdidas que se han quedado sin fuerzas ni herramientas para rehacer su vida. ¿Qué hay después del maltrato?

El estado intenta dar un apoyo, una gran labor social desde las distintas casas de la mujer de nuestras ciudades de mano de trabajadoras sociales, psicólogas e incluso orientadoras laborales. Una gran red que, con todo el apoyo que pueden proporcionar de manera personal cada una de las profesionales que trabajan allí, no supone una tranquilidad real para la víctima, protegida únicamente por esa frágil estructura de cristal. El estrés postraumático, el miedo a salir a la calle, mirar a todos lados,  un número de teléfono de un agente de protección que realmente no te puede acompañar ni estará ahí si te cruzas al maltratador, la sentencia dentro del bolso siempre, teniendo que justificar tu situación, porque esa persona está libre, haciendo su vida como si nada hubiese ocurrido.

Nos enorgullecemos de las valientes, supervivientes, les decimos que tienen suerte de haber salido con vida, que es lo que deben hacer, denunciar, dar ejemplo para que las demás no callen… Las han destruido por dentro y por fuera haciéndolas mil pedazos, se miran al espejo y no se reconocen. Están ajadas, agotadas, pero la vida continúa, la noche de pesadillas acaba, suena el despertador y hay que volver a levantarse.

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