
En noble cuna nacieron y por un puñado de votos vendieron su dignidad y rebozaron en el fango de su propia incompetencia lo que debería haber sido su nobleza de estirpe. Pero eso no es lo peor, lo peor es la mofa que hacen de sus gentes, de los pueblos, del puñado de vecinos que tiene el valor de presentarse a unas elecciones para sacarlos adelante a cero euros la hora, poniendo la cara y el prestigio para que se la partan los que nunca conseguirían ganar en buena lid. Las declaraciones de la candidata del P. P. a la alcaldía de Aguaviva en el diario de Teruel; la cunera Yolanda Vallés, son un insulto al setenta por ciento de los aguavivanos que votan a Luis Bricio, son un insulto a la democracia en sí misma. El todo vale, yo creía que era privativo de algunas formaciones políticas, pero me equivoqué. La indignidad de los mediocres, no conoce siglas, son de los que ni su familia les votaría si alguna vez tuvieran el valor de encabezar una lista en su pueblo, Yolanda Vallés se oculta en la lista de las autonómicas para seguir subida en el machito del sueldo público, incapaz de hacer listas como Dios manda, tiene que recurrir a estas artimañas para quedar bien delante de quienes la mantienen en puestos de salida. En política como en todo en esta vida, pero quizás más en política, hay que tener clase, una clase de la que carece Yolanda Vallés. No me duele el puñadito de votos que va a sacar de Aguaviva, si es que los saca, me duele que para conseguirlos haya tenido que recurrir a la indignidad de la difamación y la calumnia. Y termino diciéndole algo que le va a doler, a no ser que la vorágine de ignominia en la que vive le haya hecho perder la memoria. Tu madre esto no lo hubiera hecho jamás.
