Policías contra mineros
Los que nos gobiernan, mire usted, esos mismos que no han sabido gobernarse a si mismos para poner freno a su codicia, prueban nuestra resistencia, tantean nuestro miedo, pulsan si el ambiente social sigue o no adormecido. Lo hacen para seguir con su estrategia robo y si hace falta ahora será a mano armada. Las armas también las tienen ellos, de momento porras y pelotas de goma. Tienen armas y nos quieren dejar claro que no dudaran en usarlas si tenemos la insolencia de ir a perturbar con nuestros gritos y pancartas su paraíso ¿fiscal? El griterío de las gentes de las comarcas mineras el pasado jueves en Madrid y la contestación gubernamental se puede plantear gráficamente como petardos, gritos, abucheos y pancartas a un lado y en el otro acoso policial, porras y pelotas de goma. Imaginen el resultado.
La carga policial no estaba justificada, no había desorden público y la mayor parte de la gente ya se había marchado hacia los autobuses para regresar a casa. Apenas setenta personas seguían frente a la puerta del Ministerio, abucheos contra la falta de conciencia, sensibilidad e ignorancia de este gobierno. No había desorden público o mejor dicho, no lo hubiera habido de no ser por que la policía bajo órdenes, rodeó a ese reducido grupo de manifestantes con una auténtica estrategia militar y calentó con su intimidación aun más la situación, al primer intento de defensa cayó el primer porrazo y segundos después volaba una papelera, botellas, golpes con una brutalidad que todavía me revuelve las tripas. Tengo la imagen de una mujer tirada en el suelo a la que la policía no cesaba de darle patadas y la de la gente corriendo. Tras la trifulca que se extendió por espacio de una media hora hacia otras calles, se recuentan los heridos, muchos manifestantes golpeados no pasaron por el Samur, se montaron al autobús con el cuerpo amoratado. Y unos y otros fuimos conscientes de la gravedad de lo que está pasando en este país.
En el viaje de vuelta el sentimiento de los que fueron rodeados y golpeados era de venganza “vamos a volver con dinamita y palos de picos”. ¿Palos contra quien? ¿Dónde se esconde el enemigo? No es la policía que dentro de cuatro días correrá la misma suerte. El enemigo es nuestro adormecimiento, nuestra desidia y pasotismo. El enemigo es esta frase “es que está todo tan mal” que se repite otra y otra vez. El enemigo es quien se queda en casa, disfrutando de su sueldo de prejubilado o cualquier otro, como si no tuviera hijos, vecinos, familiares o amigos en situación critica. Es ese parado que se atonta viendo la tele ocho horas al día.
Los que ya venimos intuyendo lo que nos pasa y nos hemos puesto en pie, vamos a acorralar a los que dicen eso de “es que con lo mal que esta todo” y contestar ya de una vez “¿y que vas a hacer tú para cambiarlo?” No vale decir que no puedes hacer nada por que si puedes. Ponte en pie como nosotros, date cuenta de lo que pasa. La cosa siempre ha sido policías contra ladrones, no contra trabajadores.
