Opiniones

Manuel López Gascón

Acoso y derribo

Desde hace unas semanas, ciertos grupos han puesto de moda una forma de presión consistente en acudir en masa a los domicilios de determinados cargos públicos, acosándoles a ellos y sus familias mediante gritos, pancartas, insultos y amenazas. El método no es nuevo: ya fue utilizado en Italia por los camisas negras de Mussoline, y más recientemente por los amigos de ETA en el País Vasco.

La única novedad es que ahora lo llaman “escrache”, que suena muy moderno, pero que no es otra cosa que acoso, coacción, amenazas o injurias. Todo ello debidamente tipificado en el Código Penal.


En la situación actual son muchos los ciudadanos que atraviesan por unas circunstancias muy complicadas, y a menudo dramáticas. Pero las situaciones complicadas no son una justificación válida para saltarse la ley. Si todos decidimos cuándo nos saltamos la ley, en función de nuestra percepción subjetiva de la coyuntura, estaremos dando pasos de gigante hacia la destrucción del Estado de Derecho. Y como bien sabían los fascistas italianos, el miedo, la indefensión, y el caos que eso provoca facilita el camino a los salvapatrias.

A los políticos que no nos gustan se les expulsa de las instituciones a través de las urnas. Es tan sencillo como no votar a un partido, si creemos que no debe gobernar. Pretender tomar atajos, suplantar la voluntad ciudadana libremente expresada en las elecciones, nos conduce a la ley de Lynch. O a la ley de la selva.

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