
En negro y verde
Parece, al menos de momento, que el sector de la minería se tranquiliza, aunque espero que no llegue a una total relajación, debido a la firma del nuevo plan minero 2013-2018. Todos, o casi todos, aquí deseamos que Endesa invierta en la central de Andorra que unido a las previsiones de venta de carbón aragonés auguran la tranquilidad que expongo al inicio. Aquí tampoco el sector se libra de los recortes: en mano de obra con prejubilaciones y bajas incentivadas, un 15% de los efectivos, así como en ayudas a la producción hacia las empresas extractoras. En este sentido las ayudas a la explotación del carbón subterráneo a la cantidad de 30 euros por tonelada para 2013, irá decreciendo en 5 euros por año a lo largo de la vigencia. Por su parte, en cielo abierto este año las ayudas serán de un euro por tonelada y en 2014 0,50 euros por tonelada. Preocupante es, sobre todo, que sólo se destinarán 250 millones de euros a infraestructuras y 150 millones de euros a proyectos empresariales. Sin duda una estocada final a las cuencas mineras aragonesas y del resto del estado.
El nuevo plan también recoge el apoyo a nuevas tecnologías (carbón verde) mediante convenios con contenido tecnológico y medioambiental dirigidos a superar las restricciones a las que está sujeto el carbón y actividades de I+D+i con políticas de convenios con entidades públicas. Aspecto que siempre he defendido y expresado en otras ocasiones.
Viendo lo anterior, se debe dar un giro radical al sistema productivo. En este sentido, por primera vez, se ha debatido en las Cortes aragonesas sobre Empleo Verde. Pero, ¿sabemos todos qué es Empleo Verde? La mejor definición la proporciona el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) que nos lo define como “todo aquel que reduce el impacto ambiental de las empresas y sectores económicos hasta sus niveles más sostenibles”.
Hay que buscar en los mercados, industrias, gobiernos, sociedades y empresas a todos los niveles, una forma de producir de forma rentable pero sostenible y ecológica con el entorno en todos los procesos. Por eso, ilusiona que alguien, en este caso CHA, haya abierto debate. Estoy convencido de que es el momento de buscar un crecimiento económico sustentado en la sostenibilidad medioambiental y también en la sostenibilidad social, la lucha contra el cambio climático puede transformarse en una oportunidad para Aragón, y muy especialmente para las Cuencas Mineras aragonesas, en oportunidades que han de darse desde el conjunto de la sociedad, pero sobre todo, tienen que darse desde el sector público. Para ello sería necesario un compromiso del Gobierno en transformar el actual modelo productivo hacia parámetros de sostenibilidad ambiental, social, sostenibilidad económica; todo esto conllevaría la activación y creación de empleos vinculados al medio.
Nuestras comarcas, con el cierre de minas a lo largo de las últimas décadas, ofrecen unas condiciones especiales, un potencial para generar todo este empleo, para ayudar a cambiar nuestro modelo productivo haciendo un mayor énfasis en la sostenibilidad. Experiencias en otros países demuestran lo positivo que es la inversión pública para generar empleo verde, debe ser a través de la inversión pública para estimular la inversión privada, un ejemplo puede ser Alemania o Dinamarca. En este momento, Aragón representa el 3,7% del empleo verde de todo el Estado español, y sin grandes apoyos, lo que demuestra el compromiso por proteger el Medio Ambiente de un buen número de aragonesas y aragoneses.
Aún podemos soñar nuestras comarcas con un fondo en negro y verde, pero para ello hace falta el compromiso de TODOS. Porque pensar sólo en negro es un suicidio y pensar en verde es restaurar viejas canteras abandonadas, es apostar por energías renovables, es I+D+i para reducir CO2 y otros agentes tóxicos, es convertir carbón en gas que es menos contaminante y así mantener, incluso aumentar, la producción de nuestro más preciado mineral. El verde, además, es el color de la ESPERANZA.
