Ansias, náuseas, o sea asco, me da cada vez que pienso en que haya personas que no toleren que haya personas con el mismo derecho que ellos en tener una vida digna.
Ansias, náuseas, o sea asco, me dan los grupos nazis, xenófobos, intolerantes que no entiende, por ejemplo, que gentes como yo pensamos que TODOS somos iguales.
Ansias, náuseas, o sea asco, me da que nadie evite sus acciones. Que sólo algunos colectivos como “Andorra Antifaxista” denuncie actos de grupos de extrema derecha. Que partidos políticos, instituciones y hasta agentes del orden público miren para otro lado. Así, los grupos de Extrema derecha, según nuestros gobernantes grupúsculos, se crecen y obran con total impunidad. Agreden, pintan paredes donde amenazan a quienes no piensan como ellos y a quien dicen no ser como ellos. Por fortuna, muy pocos son/somos como ellos. Son pocos, pero son capaces de mucho. Estos últimos años han cometido en España más asesinatos que cualquier grupo terrorista peninsular pero pocos lo denuncian porque quienes han sufrido sus ataques son inmigrantes, anarquistas y gentes que, de verdad, luchan por la LIBERTAD y por una Democracia Real.
Ahora Oslo ha sufrido las consecuencias de ese mirar hacia otro lado y, muchos medios de comunicación, partidos, la Iglesia, hablan de dolor y de tristeza por las víctimas. Dolor y tristeza que compartimos la mayoría de la sociedad por el asesinato a casi 100 personas. Pero ¿qué ocurre cuando un atentado lo comete un grupo terrorista? El mensaje va centrado en su acción y no en defensa de las víctimas. El dolor y la tristeza pasan a un segundo plano.
Ansias, náuseas, o sea asco, me da y por eso lo digo en este cantón de opinión. Palabra de alguien que siendo estudiante fue agredido por jóvenes fascistas por no cantar el “Cara al Sol”. Prefiero el rock que podré sentir todo el fin de semana en Ejulve.
