
Y tú , ¿no te animas?
No oído jamás que se lo digan a un hombre. Si a Paco le preguntan: “tú, ¿no te animas?” dudo mucho que piense más allá de irse a tomar unas cañas o salir con la bici el fin de semana.
Animarse como quién hace la conga en fin de año, el que se pone a cantar Asturias patria querida o el que decide a hacer un curso de páginas web. Tiene su gracia, la pregunta lo hace tan simple como quién pela una gamba y sin embargo conlleva una mezquina intención de juzgar o cuánto menos de inmiscuirse sin ningún pudor en la vida de los demás pese a que se haga con la misma ligereza con que se habla del tiempo.
La preguntita de marras pretende una justificación y debería ser respondida con la misma poca vergüenza o contundencia que se hace. Se me ocurren muchas respuestas irónicas e incluso pornográficas que dejo a vuestra imaginación.
Cuándo te la hace otra mujer y además es madre, ¿es acaso un guiño para invitarte a jugar en un nivel superior? ¿Es para que tú también sientas su inmensa felicidad, entrega y dedicación? ¿Acaso quiere verte igual de estresada (siendo sutil) que ella? (Seguro que hay quién le jode verte libre y sin ataduras).¿Creen que te estás perdiendo algo maravilloso, que no tendrás quién te cuide cuándo seas mayor o que simplemente eres menos mujer por eso?
Luego dejan de preguntar, se te ha pasado el arroz, claro, (gran frase para otro artículo), o creen que no has podido tener hijos y sienten una lástima fingida por ti, pero durante un largo periodo de tiempo muchas mujeres tenemos que soportarlo como si fuera un mantra.
Si me “animo” o no, ¿qué más da? ¿Acaso yo pregunto porqué tienes hijos?
