
Ser sincero
Lo políticamente correcto choca de bruces todos los días con la sinceridad. A diario tenemos que mordernos la lengua, repensarnos el escribir ciertas cosas en las redes sociales, hacer artículos de opinión que no hieran e incluso pasar más tiempo del necesario con personas que no son de nuestro agrado.
Ahora nos nominamos en el Facebook para ver quién saca la foto más cool de su infancia y arrancar al resto en halagos y piropazos que suelen ser de lo más benevolentes y falsos. Ver a alguien con una cabeza del tamaño de una paellera y leer los comentarios de sus “amigos” no tiene precio. Poner un selfie que te ha costado 3 horas, mil posturas y mucha tontería, para seguir siendo más feo que un pie y que te digan “guapo” tus 30 amigos más rápidos, tampoco lo tiene. Qué pasaría si dijésemos lo que pensamos?
Si a un niño le dijésemos que los reyes son los padres, siempre que no fuese Leonor o Sofía….o Felipe… o Cristina… o Elena o los que salgan, sería un gesto de lo más malvado y ….no estaríamos mintiendo.
Acaso le diríamos a nuestro “jefe” que bajar el sueldo a los empleados y comprarse un cochazo es de ser un hijo de puta? Creo que tampoco estaríamos mintiendo.
Intentar agradar o ponerse en el lugar del otro no es ser falso, y ser falso callando cosas que pueden herir no te hace ser menos sincero.
Algunos nos fijamos más en el objetivo de nuestras palabras que en ser totalmente honestos con nosotros mismos y tal vez es mejor que las cosas sean así, y si no, pensad qué sería de la Infanta Elena, esa amiga vuestra del Facebook que os abrasa con política a todas horas, ese familiar que no soportáis…..
Sincera yo? Siempre!!!… Salvo alguna cosa…
