
La princesa del cuento
No nació con testículos así que la llamaron Infanta. No sé si eso pudo frustrarla o simplemente se sometió sin más igual que su hermana, lista como nadie y campechana como su padre.
Cursó estudios de Ciencias Políticas, hacía vela, practicaba esquí ….la ficharon en la Fundación La Caixa, se casó con un tipo bien parecido y comenzó a tener hijos rubios y guapos, creo que 4 aunque podrían ser 6 u 8 ya que nunca tuvo problemas económicos ni para encontrar personal doméstico (sin contrato y en B es todo más llevadero).
Cristina estaba tan enamorada que creó una empresa con su marido sin saber para qué ni porqué. ¡El amor! Ese sentimiento que nos lleva a firmar compulsivamente sin leer ni querer saber. El amor la arrastró a tener más de 10 tarjetas de crédito y ella no sabía cuál usar. Menuda faena tener que elegir tarjeta para pagar las clases de salsa, los viajes y otros gastos de diario, con lo cómodo que es tener solo una y sin fondos, lo hace todo más sencillo.
Ese inmenso amor hizo que comprasen un “Palacete” con la ayuda de papá Rey que les prestó un millón largo de euros. Con eso y los beneficios empresariales lo tunearon como una Infanta enamorada merece, sin preguntar, para eso está el marido que es quién lleva los pantalones y maneja el cash y las cosas importantes.
La pobre se vio inmersa en una maniobra de un Juez muy malo muy malo, como las brujas de los cuentos, pero su inmenso amor por su marido desmontó la mezquina y ruin intentona. Cómo iba a saber ella lo que firmaba, lo que compraba, lo que hacía, ….estaba loca de amor, nada más y nada menos que de un Empalmado, eso debe ser como ir todo el día drogada y sin voluntad alguna.
En fin, con lo que nos está costado llegar a ser igual de personas que los hombres, luchar por nuestros derechos, por nuestro lugar en la sociedad, dejar de parecer tontas e ignorantes, dejar de ser las princesas del cuento para ser guerreras, dejar de ser reproductoras para ser productivas, mientras muchas luchamos para tener un futuro otras se empeñan en volver al pasado y pisotear todo lo conseguido con una falta de escrúpulos y de honestidad que da ganas de vomitar.
Gracias Cristina de Borbón, Ana Mato y tantas y tantas otras que hacéis el papelón de esposa estúpida, ignorante e inútil!!! Gracias por ser unas misóginas ¡!!
